Sobre la discusión en torno al Pedeciba

Cuando el viernes pasado se discutía en La Tertulia el recorte presupuestal al Programa de Desarrollo de las Ciencias Básicas, nos llegó esta carta de la audiencia, del Dr. Angel Caputi, investigador SNI nivel III, Pedeciba grado 5.


Estimado Sr. Cotelo,

Soy asiduo espectador de su programa, a veces en diferido o los domingos a la mañana. Gracias a que estoy trabajando en casa (en cuarentena por mi edad, 67), he podido escuchar la discusión de la Tertulia de hoy sobre el Pedeciba. Le escribo porque creo que debo aportarle algunas precisiones que creo son de importancia para futuras discusiones sobre el tema.

En primer lugar, la génesis del Pedeciba. El Ing. Grompone fue quien estuvo más cerca de la verdad. El Pedeciba se gestó en la interacción del PNUD y el Instituto Clemente Estable, si bien no me consta de qué lado (PNUD o Instituto) se plantó la semilla inicial de la discusión sobre la necesidad posdictadura de crear un programa de desarrollo de la ciencia básica. He de testimoniar que desde fines del año 1983 asistí (como oyente de mis maestros) a largas discusiones matinales entre los doctores Macadar y Trujillo-Cenoz sobre la planificación, organización y puesta en marcha de dicho programa. En aquella época yo concurría como ayudante honorario al Instituto y colaboraba con ambos en el estudio de un sistema neural relativamente simple. Fui entonces testigo de cómo se amasaba la idea de un programa de desarrollo de ciencia básica, basado en varios pilares fundamentales, entre los que se podrian enumerar: a) la formación de científicos profesionales, b) la evaluación de la producción científica por pares, c) la necesidad de convergencia de múltiples ciencias e instituciones en dicho programa y d) la ausencia de predictibilidad absoluta del desarrollo del conocimiento humano, y por lo tanto, la necesidad de apostar a la libertad de los científicos más que a objetivos concretos preestablecidos. Caída la dictadura, se sumaron científicos de la UdelaR (hasta ese momento intervenida), de la diáspora en el exilio (político o económico) y también, al salir de la cárcel, el Dr. Massera. Le sugiero que en algún momento realice una entrevista a los Doctores Macadar y Trujillo (o tal vez la tertulia de científicos pueda ser un ámbito apropiado), para recordar a la distancia ese proceso con la propiedad de haber sido protagonistas del mismo. Ambos están todavía en actividad. El Dr. Trujillo a los 87 años recién cumplidos acaba de enviar para su publicación un artículo científico como primer autor.

En segundo término, debo expresar que la idea de que la ciencia se puede comprar, que en algún momento sobrevoló la discusión, es absolutamente falsa. Esa tesis confunde ciencia y conocimiento con mercancías novedosas. No es lo mismo. Entre casa, en el Instituto, la llamamos «tesis Sanguinetti», dado que el Dr. Sanguinetti la expuso durante una visita al Instituto Clemente Estable en su primera Presidencia, y consecuentemente, en su segunda Presidencia propuso cerrar el instituto y declarar excedentarios a sus científicos. Como bien lo expone Grompone en más de un trabajo, el conocimiento científico, las obras de arte y la producción de pensamiento filosófico son únicas. No son mercancías, porque no son reproducibles. Su esencia consiste en el logro humano de su concepción, no en el medio material que lo soporta. Confundir la mecánica newtoniana con un ferrocarril es como confundir la Mona Lisa con un trozo de madera de álamo con pintura derramada sobre ella o el cristianismo con un templo. Como lo expuso otro expresidente (el Dr. Jorge Batlle) las “naciones son mas felices si tienen mas científicos, mas filósofos, y más educadores». Es decir conocimiento. La cultura en general no se compra, se construye en cada uno de los habitantes día a día, y para ello la influencia de la dotación de científicos que posea un país es muy importante. La importancia de la ciencia está, mas allá de que, como subproducto de su cultura, los científicos puedan aportar puntualmente a resolver un problema particular como ocurre en el momento actual con la implementación y aplicación de las pruebas diagnosticas de coronavirus.

Finalmente aprovecho la oportunidad, en la víspera de la Semana de la Ciencia, para permítirme recordar la frase de Clemente Estable «con ciencia grande no hay país pequeño» y reflexionar sobre cómo estamos en ese aspecto. Hay hoy categorizados por el sistema nacional de investigadores alrededor de 2.000 investigadores (incluyo aquí a los candidatos): la mayor parte de ellos son investigadores Pedeciba o estudiantes de postgrado Pedeciba. Es decir, hay aproximadamente un poco más de 500 por millón de científicos profesionales. Esta prevalencia es casi un 15avo de Finlandia (7.700), un noveno de la alcanzada por nuestro país espejo, New Zealand (4.365), quien tiene cifras similares a las de EEUU (4.600). Es la mitad que el promedio mundial y que las cifras de China (1.000), la cual (1000×1400=1.4 millones) tiene casi tantos científicos como la mitad de los habitantes de nuestro país.  Nos faltan muchos científicos para salir de la «pequeñez». Lo importante es lograr desarrollar una masa crítica de personas que puedan pensar y crear pensamiento sobre los más variados aspectos del conocimiento al cual ha llegado el desarrollo humano.

El Pedeciba fue concebido en el Instituto Clemente Estable, para tener más ciencia, más científicos, y educar en ciencia. El Pedeciba es hoy, a más de 35 años de su concepción, la principal herramienta dedicada a cultivar la ciencia (ojalá hubiese programas similares en las artes, la educación, o la filosofía, donde estamos todavía menos desarrollados).

Sus investigadores son honorarios y reciben una alícuota anual actual de algunos cientos de dólares para financiar sus trabajos docentes y de investigación. Con los recortes, tal vez esa alícuota sea nula este año. Dado que la única instancia nacional de financiación de ciencia básica son los llamados a Fondos Clemente Estable de la ANII, y a estos acceden una minoría de las decenas de proyectos presentados y calificados como excelentes, muchas veces esta alícuota Pedeciba sumada a la alícuota del SNI de similar porte es el único fondo que los científicos uruguayos disponen para sus investigaciones, y sin embargo continúan produciendo (es justo decir que la Udelar tiene a través de CSIC llamados análogos al FCE pero resringidos a sus docentes: funcionan como una suerte de «premios consuelo» para proyectos de excelencia no financiados en llamado previo al Fondo Clemente Estable).

Lamentablemente la mayor parte de los gobiernos posdictadura han pensado más en lo urgente que en lo importante. Por lo tanto, han encarado la política de ciencia como una tarea puntual y no, como debería ser, en una política de Estado que perdure mas allá de las distintas administraciones. Es urgente elegir entre la «tesis Sanguinetti» (es decir el conocimiento es una mercancía, por lo tanto es comprable si tenemos suficiente dinero) y la «tesis Batlle» (el conocimiento y el progreso están en la capacidad de pensar y comprender que los miembros de una sociedad poseen). En todos los partidos ha habido defensores y detractores de ambas tesis. La resultante de no haber elegido implica haber favorecido la «tesis Sanguinetti».  Mirando al futuro me pregunto cuál será la política de ciencia a partir de ahora.

Espero que el desarrollo científico como política de Estado y la necesidad de mantener y potenciar el Pedeciba sea tema de discusión de En Perspectiva en la semana de la ciencia.

Muy cordialmente,

Dr. Angel Caputi (CMA 24582)
Investigador SNI nivel III, Pedeciba grado 5.
Profesor Titular de Investigación, Jefe del Departamento de Neurociencias Integrativas y Computacionales
Instituto de Investigaciones Biologicas Clemente Estable


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