El diario del lunes
El dilema americano

Por Fernando Butazzoni ///

Donald Trump ganó la presidencia y la sociedad estadounidense se enfrenta hoy a uno de los más graves dilemas sociales y políticos desde su fundación como país. Ese dilema puede resumirse en una simple pregunta: ¿Debería poner en práctica DT como presidente de los EEUU lo que prometió como candidato del partido Republicano?

Si la respuesta es positiva, entonces en aquel gran país habrá decenas de millones de personas que verán pisoteados todos y cada uno de sus derechos, los mismos derechos por los que EEUU y sus gobernantes han clamado (muchas veces de manera hipócrita) alrededor del mundo desde hace décadas. Si, por el contrario, la respuesta es negativa, habrá millones de frustrados y furiosos ciudadanos, que votaron esperanzados por DT justamente por esas promesas.

Pongamos el ejemplo de la propuesta migratoria, que fuera formulada con extraordinaria energía en la campaña. Implementar la misma implicará la expulsión sumarísima de unos 11 millones de migrantes que hoy viven y trabajan sin permiso en EEUU. También se les cerrarán las puertas a muchas otras personas, como por ejemplo los musulmanes no estadounidenses.

Para cumplir con la prometida (y votada) cacería de ilegales, distintas agencias federales como el FBI, la DEA, la ATF, la Border Protection y otras, deberán rastrear, ubicar, detener, confinar y luego expulsar a unos 2 millones de personas por año, o sea unas 160.000 personas por mes o, lo que es lo mismo, 5.500 personas por día.

Para lograr esa meta, va a tener que ponerse en marcha una fabulosa maquinaria de inspección, control, traslado y retención de seres humanos a lo largo y ancho de todos los EEUU. Habrá que detectar y arrestar a los indocumentados donde sea que se encuentren, enviarlos por medios seguros (posiblemente en ferrocarril) a centros de clasificación y trámites, y sustanciar allí los procedimientos legales correspondientes. Luego deberán ser trasladados de nuevo hacia puntos próximos a la frontera mexicana, donde se los concentrará en grandes lotes, en campamentos o campos, para ser finalmente puestos fuera del territorio de los EEUU.

Debe señalarse que entre esos 11 millones de indocumentados hay, según cálculos bastante razonables, unos 2 millones de niños y unos 730.000 jóvenes que, aunque técnicamente son ilegales, igual han obtenido permisos temporales de trabajo.

Muchos de quienes lean estas líneas pueden argumentar que se trata de una distopía exagerada, una maniobra narrativa para agitar el viejo fantasma del antimperialismo. Pero si nos atenemos a los hechos, y al espíritu de las palabras pronunciadas una y otra vez por el ahora electo presidente, eso es lo que va a pasar, a menos que él decida no cumplir con sus promesas.

Un ejercicio tan absurdo como el anterior es el referido a la construcción del famoso muro entre EEUU y México. Para hacer la valla prometida por DT (3.144 km a través de los estados de California, Nuevo México y Texas) se necesitarán miles de trabajadores, cientos de retroexcavadoras, grúas, cimentadoras, camiones y todo lo que el lector quiera imaginar. Y unos US$ 11.000 millones en cinco años de trabajo. Dizque lo va a pagar México.

Si se alza el muro, será una ignominia para los estadounidenses y una humillación para los mexicanos. Y además de ilegal sería un gran error. Al respecto, hay un estupendo estudio del Wilson Center sobre el tema.

Pero si no se levanta el muro, la más contundente y llamativa de las promesas electorales del ahora presidente de los EEUU se convertiría en humo. Así, muchos millones de electores “trumpistas” (la mayoría de ellos hombres, blancos, poco instruidos, machistas, xenófobos, racistas y aficionados a las armas de fuego) se verán decepcionados por quien les aseguró una y otra vez que él era distinto, que él no les iba a fallar y que cumpliría con la palabra empeñada.

Los ciudadanos de EEUU están enfrentados y en la cruz de los caminos: unos le exigirán al presidente electo que cumpla sus promesas, como corresponde en una democracia, y otros lucharán por todos los medios para evitar que esas promesas atropellen la libertad, como también corresponde en una democracia.

Las dos cosas no se pueden hacer al mismo tiempo. En cualquier caso, el resultado será dañino para la democracia y provocará una grave división en la sociedad estadounidense, de consecuencias imprevisibles.

***

El diario del lunes es el blog de Fernando Butazzoni en EnPerspectiva.net. Como no podía ser de otra manera, actualiza todos los lunes.

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3 Comentarios - Escribir un comentario

  1. La democracia reculando en chancletas…se usa para causas loables y se usa para causas infames.
    La democracia es lo que tenemos y depende de como la usemos, es una herramienta de usos múltiples, múltiples veces usada con descuido.

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  2. Parece que ya un Pais ,sea EE.UU . o no , no puede ejercer su soberania y hacer cumplir la Ley.
    Todos los paises del muundo intentan controlar el ingreso y egreso de su territorio asi como el cumplimiento de los requisitos legales para trabajar y vivir en cada uno.
    Ni hablemos de los que mas se han opuesto y oponen aun a EE.UU. y su estilo de vida como lo son los mas autoritarios ya sea asiaticos o los que aun quedan en Latinoamerica como Cuba y Venezuela.
    Los que no logran darle trabajo y seguridad social a sus ciudadanos ,expulsandolos de hecho a Europa y EE.UU. son los que mas los critican por no recibir o expulsar a esos immigrantes ..
    Hipocresia pura… Donde hay mas machisimo,racismo y discriminacion que en Asia,Africa y America Latina?
    Vamos …arreglemos lo nuestro y dejemos que los legales y moralmente dueños del destino norteamericano hagan con lo suyo lo que quieran…

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    1. Siempre hicieron con lo suyo lo que quisieron, con lo ajeno también: Hiroshima y Nagasaki, Corea, Vietnam, planes Cóndor, primaveras árabes, etc…un largo y añejo etc, etc, etcétera.

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