Un relato desde el CTI por covid-19

Gabriel Bialystocki. Crédito: Pablo Izmirlian/Radiomundo.uy

Por Gabriel Bialystocki ///

Ahora sí, veintisiete días después de haber arrancado este viaje, voy a compartirlo con ustedes.

El lunes 14 de diciembre amanecí temblando de fiebre.

Llamé a la emergencia, vinieron enseguida, me dieron medicación para la fiebre y por supuesto, me mandaron hisoparme.

Dos días después, me enteré que era positivo de covid-19.

Contagié además a mi esposa (quien tuvo síntomas leves), a mi hermano, a mi hija y a su novio, que fueron todos asintomáticos.

Ahí estuve nueve días seguidos con fiebre que no se iba, muy molesto, pero sin ningún otro síntoma. Solo no tenía ganas de comer, apenas comía algo una vez por día pero sí tomaba agua abundante para estar hidratado, cosa que es clave con la fiebre.

La atención de Cosem fue impecable en todo momento: todos los días me llamaba un médico para saber como estaba, hacerme preguntas, y la única indicación era que si en algún momento tenía dificultad para respirar, llamara inmediatamente a la emergencia.

Al día siete, empecé a notar que estaba muy cansado. Nunca tuve dolor, nunca perdí gusto ni olfato, nunca tuve tos (si flemas), pero en ese momento ir desde la cama hasta al baño me dejaba exhausto.

Nunca entendí que eso era falta de oxígeno, yo sentía que respiraba perfectamente.

Hasta que el día nueve, miércoles 23 a la tardecita, me fui a dar una ducha para ayudar a bajar un poco la fiebre, cosa que hacía hasta dos veces al día. Y entonces sentí que no podía levantar los brazos para enjabonarme, no tenía fuerzas.

Ahí pensé: ok, acá está pasando algo.

Le dije a mi esposa: «Mirá, me pasa esto, así que llamo a la emergencia» (siempre calmado, y más adelante me voy a extender sobre esto). Y de nuevo destaco lo que es el SEMM, llegaron en minutos.

Me pusieron un aparatito en el dedo que mide la saturación del oxígeno en la sangre, algo que obviamente desconocía y de lo cual ahora aprendí. Normalmente uno tiene que estar saturando entre 95 y 100%. Yo estaba en 83 y, obviamente, bajando.

Me pusieron una máscara de oxígeno, me subieron a la ambulancia y diez minutos mas tarde estaba en la emergencia del Sanatorio Americano.

Me pusieron una vía, empezaron a pasarme antibióticos (dos distintos), corticoides, suero, y seguramente alguna cosa más.

Al rato me subieron a una habitación en el sector covid, que está en un área aislada, obviamente.

Al mediodía siguiente conocí a la Dra. Laura Fraga, quien sería (es) mi doctora tratante, quien me dice: «Mirá, con la mascarilla esta no estás <levantando> como me gustaría, así que te vamos a subir al CTI. Ahí tenemos una máquina con lo que llamamos OAF (oxígeno de alto flujo)», que te mete aire como para inflarle las ruedas a un Airbus (esto lo digo yo, no ella).

Acá me voy a detener, para extenderme sobre el tema de la calma. Y explicarles que tengo la inmensa suerte, bendición a esta altura, de haber heredado la cabeza fría de mi viejo.

Papá era un tipo que hacía un uso del sentido común constante, y ante cualquier situación se daba un tiempo para pensar, razonar, siempre tranquilo.

Créanme, y esto lo vine charlando con las doctoras que me fueron viendo y enfermer@s, que mantener la calma es el 50% del partido.

Obviamente, después viene la biología pero eso va por otro lado, y la manejan los médicos.

Solo vos podés mantener tu cabeza de pie, y jugando a tu favor.

Dicho esto, en el momento en que me anuncian «vas al CTI»… ahí si la cabeza se me fue un poquito. Y me pasó algo muy loco, eso que uno ve en las películas y suena a un cliché pero es tal cual: vi pasar toda mi vida en fotos, como diapositivas, una atrás de otra.

Eran todas fotos lindas, como ir pasando las hojas del álbum de tu vida completo.

No pensaba que me iba a morir, pero era algo como «ok, fue esto, cincuenta y cuatro años de todas estas imágenes», y como una cosa de «bueno, si fuese que llegamos solo hasta acá, no estuvo mal».

Solo sentía como una pena de si no llegase a haber nada más.

Esto diría que pueden haber sido diez minutos, media hora, no sé. El paso del tiempo ahí es difuso.
Así que ahí marché al CTI, adonde estuve durante ocho días enchufado al bendito OAF.

Y acá tengo que detenerme a hablar sobre lo que es la atención que recibí: les aseguro que esto es primer mundo, y del bueno.

Ya ni hablo de las instalaciones, los protocolos de limpieza, la comida (que está muy bien), sino, fundamentalmente, de la parte humana que es impresionante.

Acá hay un equipo de leones y leonas que me cuidaron como si fuese un hijo, siempre explicando cada cosa, siempre dando para adelante, dándome la mano enfundados en sus trajes de astronauta (que son bien incómodos y calurosos), teniéndome confortable arreglándome la cama a cada rato, limpiándome, bañándome como a un bebé en la cama.

Esto obviamente no lo hacen solo conmigo: los vi hablarle y acariciar a un paciente sedado y entubado, diciendo «dale, Trujillo» (espero que hayas terminado bien, Aníbal), «vas a andar bien, vas a salir». Se me pone la piel de gallina mientras lo escribo, cuando lo escuché lagrimeaba.

Esta gente es anónima, muchachos.

Nadie sabe quién es Soraya, ni Sebastián, ni Franco, ni David, ni Natalia, ni Agustín, ni Walkiria. Nadie conoce a Lucía, ni a Majo. Ni tampoco a Carolina.

Nadie sabe que una tiene dos nenas, que otra no ve a sus padres desde hace meses porque son mayores y no quiere exponerlos, que casi todos trabajan en al menos dos lugares, que casi todos entran y salen de cuarentena constantemente (¿te imaginás el stress solo de eso?), que muchos ya se contagiaron, que varios pasaron las fiestas solos, o acá trabajando.

Son un ejército de amor, peleando silenciosos por nosotros contra este bicho de mierda.

Les pido que piensen aunque sea un minuto, en todos ellos. Por ellos y por ustedes, porque si llega el momento en que los precisás, van a hacer lo mismo por vos también.

Yo, ahora, tengo el privilegio de conocerlos a todos. Y se quedan conmigo para siempre.

Ocho días más tarde salí del CTI, y empecé con otra parte lateral de esta recuperación: después de tantos días acostado, tu musculatura simplemente se evapora. Me di cuenta que las piernas me habían quedado como escarbadientes, y sin fuerza alguna.

Pero la doctora me dijo «vos tranquilo, que eso se recompone», y así es. Lo primero fue pasar de la cama a sentarme en el sillón, ¡un triunfo!

Un día después, con un caño de oxígeno de varios metros, logré caminar hasta el baño de la habitación, no más de seis metros. Ayudado por un enfermero, pasito a pasito, y parando varias veces. Y cuando me pude sentar en el wáter, con su ayuda, después de trece días a esa altura… no podía creer.

Esos son los detalles, créanme. Todas las cosas que hacemos sin pensar, en forma automática, y que damos por sentado.

Un día o dos más tarde ya estaba caminando por la habitación, yendo al baño y a ducharme solo, y demás. La puta gloria, créanme.

Ahora bien, para qué escribo esto, ¿no?

Obviamente, tuve muchísimo tiempo para pensar. En todo. En mi vida, en todo este proceso, en la enorme suerte que tuve y sobre todo, en cómo hacer de este viaje un antes y un después.

Porque si no lo hiciera, sería un pelotudo importante.

Así que pensé que esto merecía ser compartido.

Para que se sepa qué hay atrás de este virus del orto, que esto no es joda, que hay que cuidarse, que cuidarse es cuidar al resto.

Que si ves a alguien que no se cuida, le hables. Le expliques que estamos todos en un viaje loco, del que solo se sale a huevo.

Y también para que sepan algo de lo que les puede pasar si se lo pescan. Obviamente cada caso es distinto, pero hay generalidades también.

En estos últimos días, repensando cada capítulo de este viaje, una cuestión me rondaba la cabeza. Soy amante de la estadística, los datos, y se me ocurrió pensar lo siguiente: cuando me subieron al CTI, ¿cuáles serían mis chances? ¿50/50? ¿70/30? ¿80/20?

Ayer se lo pregunté a la Dra. Fraga, y me dijo: «No, vos no estabas tan mal, eras un 90% seguro».

Tuve mucha, pero mucha suerte.

Y mañana me voy a casa.


Publicado originalmente en la cuenta personal de Facebook de Gabriel Bialystocki

 

Enlace relacionado
Escuchá acá la entrevista de En Perspectiva con Gabriel Bialystocki a raíz de su relato

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16 Comentarios - Escribir un comentario

    1. Excelente ‼️ te admiro por tu temple y admiro al personal de la salud que merece toda nuestra admiración,nuestro respeto y el cuidarnos todos por nosotros y también por ellos y sus familias. FELICIDADES!!!!

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  1. Quedo impresionada y te copio y publico , sabes porque ? tengo un hijo así grande como tu que dice que esto es una gripe y que yo soy pamentera – Me gustaría que el te leyera pata ver si piensa un poco – Gracias muchas gracias
    —————————————————Maria –

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    1. Lilián Chiappella · Edit

      Gracias por mostrarnos esa realidad, cómo es estar del otro lado. Gracias por hacer público tu agradecimiento a todo el personal de la salud. Que alegría saber que estás bien!!!
      Te abrazo

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      1. Teresita Benedetti · Edit

        No sé puede leer esto sin llorar, sin pensar que en este momento hay mucha gente que no se cuida y por ella arriesgamos todos los demás. Me alegro mucho que hayas podido recuperarte y estés enseñando tu experiencia, ojalá la lea quien necesite hacerlo. Gracias!

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  2. Impresionante su historia real y en la q no podemos estar ajenos a q nos puede suceder a. Cualquiera de nosotros!! Muy fuerte lo vivido grasias por compartirla a ver si toman conciencia de lo a es esto!!! Y grasias a Dios y a la ciencia el señor lo puede contar!!! Q dios lo bendiga!!!!!!

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  3. Muchísimas gracias por compartir tu pasaje por el Covid 19 Gabriel, me emocioné leyendo tus comentarios sobre lo que viviste, principalmente en lo relacionado con el personal de la salud , que son una manada de leonas y leones, que nos cuidan , en la mayoría de los casos , “ por amor al prójimo “ , y lo sé muy bien, porque tengo una hermana que fue ceteista durante muchos años . Me alegro que hayas zafado al “ bicho “ , y que estés pronto para otra 💪🙌😄

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  4. Felicitaciones por la recuperación, emociona muchísimo la lectura de tu testimonio.
    Para muchos sería muy útil saber también como te contagiaste, si es que pudiste saberlo, para que se extreme cuidado en esa parte tan importante como personal de la prevención.
    Arriba con tu segunda chance de vivir!!!

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  5. Gracias Gabriel por compartir tu experiencia. Es verdad que la calma y la serenidad ayudan en todos los momentos de la vida, muy sabio tu viejo! Abrazo y que sigas bien!

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  6. RAMÓN CLAUDIO MANANCERO ESTÉVEZ · Edit

    Los que creemos de verdad en la ciencia. Los que damos gracias de verdad a todos los que nos están atendiendo en muchos rubros del vivir, en especial a los de la salud en todos sus grados, damos gracias y valoramos comentarios como estos. No sorprende. Lamentablemente los que tienen que leerlo y recapacitar, lo van a soslayar. Le metieron en el «mate» (cerebro es otra cosa) que «nacieron siendo genios» y/o no les importan sus propias vidas. Para peor se les suma gente profesional (o por lo menos así se dijo en un canal, un psicólogo) Dijo «que la juventud no está bien alertada, que no guardar cuidados obedece a que faltan referentes que les hablen, que si usan tapaboca se mofan de ellos, que . . . , ¡LO SIENTEN COMO ALGO QUE NO ES COOL! En aras de no ser inculto, no utilizo el «diccionario del populacho» que se merece este . . .¿? Lo mismo para los que pagan vacaciones, alcohol, drogas, etc., a gente sin trabajo o estudiantes, sin ingresos. ¿De donde sale el dinero para las «festicholas pandémicas»? ¡Que Dios y la ciencia le sigan dando vida estimado Gabriel!

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  7. Gabriel, tu relato me resultó conmovedor. Nos estamos acostumbrando a escuchar cifras cada mañana y perdemos de vista lo que muchos están atravesando. Nos alegramos muchísimo de tu recuperación y te agradecemos no sólo la alerta sobre los cuidados que debemos tener TODOS sino también tu reconocimiento a los trabajadores de la salud que tanto lo merecen.

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  8. Claudia Schoenberg · Edit

    Impresionante tu relato.. Si, esa gente es de fierro, tremendo corazón!!! Son únicos. Muchas gracias por compartir. Tuve la suerte de conocer a colegas del Britanico. Son espectaculares también.. :))

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  9. Que decirte Gabriel , somos hijos del rigor…pasa cuando dejas de fumar que le decís al otro por qué no lo hace y la respuesta inmediata es » el típico rompehuevos que quiere que todo el mundo deje» …esto es igual solo el que lo paso sabe lo jodido que es y yo no tuve las complicaciones que tuvistes vos , pero me di cuenta de muchas cosas…..me alegro que estes bien!….

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  10. Felicitaciones por la recuperación. He leído muchos testimonios similares, anónimos o de «protagonistas» no mediáticos. Vale mucho contar, reconocer, compartir: es sanador y empático.
    Espero que estos testimonios impulsen a tomar medidas para reforzar nuestro Sistema Integrado de Salud, público y privado, a reforzar su credibilidad con la introducción de la vacuna, a dotar de lo necesario en términos económicos a personal sanitario e instalaciones.
    Nuevamente felicitaciones y pronta recuperación.

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  11. Me trae una cantidad de sentimientos encontrados este relato. Me siento feliz por el, salió de este bicho de mierda como no sentirme feliz si 12 horas de mi vida se las dedico a la gente para ayudarla a recuperarse en su dolencia. Quisiera ser más operativa pero estafó estado físico no me lo permite, los Epp son para gente normal los «grandes» no nos cubrimos en un 100 %. Pero bueno colaboramos desde otros lados.
    Por lo lado felicito a cada uno de mis colegas enfermeros realmente se nota que aman lo que hacen utilizan además de los conocimientos técnicos empatia ante la situación de esos pacientes, dándole eso que generalmente es la familia la que más provee «contencion emosional además de tratamientos».
    Ahora pregunto esta situación a la cual se vio expuesto este señor es solo para algunos, solo para los que están asistidos por las empresas a las cuales el se asiste??? Porque sabes que? Mi tía no tuvo a pesar de haber vivido prácticamente lo mismo hasta que llamo a la urgencia para avisar que tenía síntomas, la misma suerte….
    La línea covid le coordino el hizopado 5 días después de los síntomas. Tuvo suerte y logró realizarse el hizopado a las 48 hs en otro lugar. Cuando aviso a la linea covid que era positiva nadie dejó registro de su estado, osea nadie le podía hacer seguimiento.
    Cuando al pasar de los días los síntomas hiban empeorando La emergencia domiciliaria… Le negó la asistencia por ser un caso positivo.
    Gracias a la insistencia de la familia logramos que la vinieran a ver.
    También saturaba bajo 74 % pese a haberla oxigenado no llegaba a los 90 pero igualmente decidieron que lo mejor era trasladarla para dejarla 4 hs esperando la cama en el área covid.
    Cama que sería para ella el pozo negro, cama donde veía pasar todo eso que el Señor cuenta, pero ella no tuvo tanta suerte, no ligó tan bien, no pudo mantener la calma quizás porque su cerebro seguía sin recibir la oxigenación adecuada, quizás porqur no entia el tratamiento indicado, bueno quizás no tuvo tratamiento, porqur no se si te dije que estando 48 hs internada solo le administraron antitermicos nada mas, ni un medico la valoro!!! Por eso se fue cansando su cuerpo se fue agotando hasta que apareció un doctor y no la vio bien allí se decidió a tratarla pero ya era un poquito tarde todos sus sistemas estaban empezando a fallar, a las horas paro, salió, convulsivo, su cerebro hacía más de 48 hs que sufría las consecuencias de la hipoxia y la inasistencia, hubo que intubarla, días después traquostomisarla, dualisarla, hoy esperar el milagro que se despierte por suerte todos sus órganos están funcionando el corazón ya no funciona al 40%, los riñones ya empezaron a funcionar, los pulmones casi que la dejan respirar sola, sin la necesidad total del respirador pero el cerebro le cuesta arrancar, sigue convulsivando segue costandole despertarse. Esperamos el milagro ya que nosotros hicimos nuestro trabajo en ocaciones muy mal y en otras mejor. Mi tía paga las consecuencias… Y esto me provoca dolor, rabia y vergüenza ajena..
    Cuento esto porque no todos tienen la misma suerte y no hablo. Del bicho, hablo de que no todos se cruzan con la misma gente,, es casi que la misma historia pero desde dos experiencias totalmente opuestas…

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