«Je Suis, I Am, Yo Soy»: Exposición del fotógrafo Armando Sartorotti muestra los rostros de mujeres víctimas de violación en la guerra en el Congo

La exposición «Je suis, I  am, Yo Soy» está basada en retratos de mujeres que el fotógrafo Armando Sartorotti conoció en el Centre Tulizeni de la ciudad de Goma, en la República Democrática del Congo, institución que brinda apoyo a mujeres víctimas de violación. Sartorotti dijo a En Perspectiva que la mitad de las madres que fotografió en 2014 ya salieron del centro gracias a las habilidades allí aprendidas, que incluyen la aceptación de sus propios hijos.

La muestra puede verse en la sala Carlos Federico Sáez del Ministerio de Transporte y Obras Públicas (Rincón 575), de lunes a viernes de 9 a 17, hasta el 1º de marzo de 2016.

EN PERSPECTIVA
Jueves 28.01.2016, hora 10.29

EMILIANO COTELO (EC) —En la República Democrática del Congo la violación es un arma de guerra. El drama no termina allí, las mujeres víctimas de este delito y sus hijos son rechazadas por sus familias y quedan a la deriva.

Sin embargo, en la ciudad de Goma hay un faro de esperanza. Se trata del Centro Tulizeni, que acoge a 12 mujeres víctimas de violaciones junto a sus hijos, también a huérfanos, y les brinda apoyo para que puedan salir adelante.

Allí estuvo en 2014 el fotógrafo Armando Sartorotti, editor gráfico de El Observador, quien plasmó su experiencia en una exposición titulada “Je suis, I am, Yo soy”, que puede verse en la sala Carlos Federico Sáez del Ministerio de Transporte y Obras Públicas, frente a la Plaza Matriz.

Justamente Sartorotti está con nosotros esta mañana. Tú has viajado más de una vez para reportar el trabajo de los cascos azules uruguayos, en Haití y en la República Democrática del Congo. ¿Por qué?

ARMANDO SARTOROTTI (AS) —En realidad en 2010 presenté al Ejército un proyecto porque me resultaba curioso que todo el mundo me decía que los cascos azules uruguayos iban a comerse un año en esos lugares para estar metidos en los cuarteles tomando mate. Esa era un poquito la caricatura que la gente hacía en la calle sobre el tema. Yo quería ir, presenté un proyecto para realizar  una exposición grande y un libro, coincidió con que el Ejército estaba buscando un proyecto para festejar los 200 años de su fundación, y una cosa calzó en la otra. Yo no tenía ningún conocido real dentro de la fuerza y fue presentar el proyecto y encontrar gente que con un sentido de la realidad impresionante me dijo: Esto sirve y vamos a darle para adelante.

EC —Recuerdo que en junio de 2013 conversamos contigo En Perspectiva a raíz de la exposición Más allá del deber, que se instaló en la sede de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en, Nueva York, y que además fue un libro.

AS —Exactamente, es un libro que lleva el mismo nombre y es el único de un uruguayo que se vende en el bookshop de la ONU.

EC —En esta oportunidad, año 2014, permaneciste en el Centro Tulizeni, en la ciudad de Goma, durante dos semanas. ¿Por qué, cómo surgió la idea de este otro proyecto?

AS —En realidad esto es un río de casualidades. Yo fui al Congo porque Álvaro Carballo y Julio Alonso, el periodista y cooperativista español que está tan vinculado a Uruguay, iban a ir porque querían cubrir un trabajo que estaban haciendo los cascos azules uruguayos justamente en unos campos de refugiados en la selva del este del Congo. Los cascos azules habían formado escuelitas de fútbol con los niños de ese campo de refugiados y era una experiencia bastante particular porque habían mezclado etnias, una cosa insólita porque en todos esos lugares las etnias están absolutamente separadas, luego habían incorporado niñas, que era imposible pensar que la niña pueda realmente participar de juegos con varones. En realidad yo fui al Congo para hacer una cobertura para eso, que la terminamos haciendo.

Imágenes de la exposición “Je Suis, I Am, Yo Soy”. Crédito: Armando Sartorotti
Imágenes de la exposición “Je Suis, I Am, Yo Soy”. Crédito: Armando Sartorotti. Ver fotogalería

Pero, casi por casualidad, un día estaban armando una camioneta en el batallón de la ciudad de Goma en donde estaban subiendo a los enfermeros, materiales para ellos, mandaron llamar al psicólogo y se me dio por preguntar qué estaban haciendo. Me dijeron que periódicamente estaban colaborando con un hogar que se había formado hacía muy poco de mujeres violadas y de niños víctimas de la guerra…

EC —O sea, te enteraste de casualidad.

AS —Me enteré de casualidad porque en realidad era una cosa que para los uruguayos era algo más que estaban haciendo ahí en ese lugar. Eso de Más allá del deber que yo había hecho cuatro años antes se estaba confirmando en este viaje con la actividad principal que yo había ido a cubrir y con esta que estaba descubriendo en ese momento de casualidad.

EC —Sí, porque lo de organizar partidos de fútbol donde además participen niñas no es lo que uno se imagina de un contingente de soldados.

AS —Para nada.

EC —Y esto de apoyar a un centro como el Tulizeni en principio tampoco figura dentro de lo que el oyente puede tener en su cabeza.

AS —No, para nada. Incluso lo siguieron haciendo, yo estuve en 2014 y supe que durante todo el 2015 también se siguió haciendo.

El problema es que Uruguay dentro de su mandato no tiene pautas de asistencialismo, en general lo que piensa la ONU es que no se debe generar dependencia de la población civil hacia los cascos azules y los contingentes que estén en ese momento. Eso tiene una lógica muy fuerte, pero los batallones uruguayos cuando les sobra comida entran a sacar cuentas de a dónde se va a mandar esa comida ese día, van sorteando los orfanatos, los hogares de ancianos y los centros comunales a los que pueden enviar esos restos de comida que les quedaron. Yo sé que eso suena muy chauvinista, pero no pueden zafar de su condición de uruguayos.

EC —En ese contexto es que entra la relación con este centro. ¿Qué encontraste allí? Yo daba los datos básicos: allí viven 12 mujeres víctimas de violación con sus hijos y también 15 niños huérfanos de guerra. ¿De qué se trata esta institución?

AS —La institución es muy pequeña, es un hogar muy pequeño, son 12 mujeres víctimas de violaciones. En el Congo hay 50 violaciones registradas por día y se piensa que la cantidad es diez veces superior. Tú decías al principio que es un arma de guerra, yo estando ahí, hablando con mujeres y hombres, empecé a darme cuenta de que hay un sentido social de uso de la mujer como parte de los objetos de uso cotidiano, fundamentalmente para los hombres. Esto es bastante más grave, incluso, que pensar que es un arma de guerra, porque en África, y yo creo que en todas las guerras, la violación siempre se ha utilizado de ese modo. En estos casos, además de las violaciones de soldados -de grupos guerrilleros o de los estatales-, incluso después de la sesión de violación, masiva a veces, tratan de destruir los órganos sexuales de esas mujeres con fuego, con bayonetas, con los caños de las mismas armas. Es una cosa espantosa.

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