Entrevista central, lunes 26 de diciembre: Eduardo Blasina

Entrevista con el ingeniero agrónomo Eduardo Blasina.

Video de la entrevista

EN PERSPECTIVA
Lunes 26.12.2016, hora 8.17

EMILIANO COTELO (EC) —¿Uruguay tiene una oportunidad de crecimiento a partir de la planta de cannabis? ¿Su explotación debe formar parte de una estrategia país?

Ese debate es el que plantea Eduardo Blasina, ingeniero agrónomo y periodista, que advierte que tenemos, por poco tiempo más, un monopolio mundial para trabajar con cannabis seriamente y explorar su potencial como generador de medicinas, productos industriales y textiles.

Blasina ha jugado fuerte desde antes incluso de la ley que introdujo la regulación en esta materia: es socio de una de las empresas seleccionadas por el Instituto de Regulación y Control del Cannabis (IRCCA) para cultivar la marihuana que próximamente será vendida en las farmacias para uso recreativo, pero además este mes inauguró el Museo del Cannabis de Montevideo, el primero que existe en América del Sur.

¿Cuál es exactamente la oportunidad que tiene Uruguay a partir de las propiedades de esta planta?

De eso vamos a conversar con el ingeniero Blasina.

Para empezar, ¿de dónde surge su relación con la Cannabis sativa?

EDUARDO BLASINA (EB) —Yo tuve la suerte de crecer en un hogar en el que se podía cultivar en una casa en el barrio La Blanqueada, donde había un fondo y cada uno podía tener un trozo de cantero y plantar lo que se le antojara. Eso me resultó sumamente disfrutable en mi niñez. Además mis hermanos criaban aves y se escuchaba mucha música. De ese conjunto surgió mi primer contacto con el cannabis, porque mis hermanos les daban a sus pájaros una mezcla de semillas, que todavía recuerdo muy bien, porque tenía alpiste, que se sigue dando, pero tenía amapola, girasol y cáñamo. Recuerdo que miraba eso que les daban, y como además por suerte mis hermanos eran mayores, yo les iba preguntando e iba obteniendo respuestas. Hoy esa mezcla quedó bastante empobrecida. ¿Qué pasa que no les dan más cáñamo? No se puede. Así fue que supe de su existencia. Luego en mi casa se escuchaban los Beatles, y por ahí supe que los Beatles usaban esa misma planta que comían los canarios de mis hermanos.

De modo que mi contacto con la planta fue muy temprano y por razones totalmente disímiles. Eso en parte es lo asombroso de esta planta y lo que me parece muy curioso.

EC —Llama la atención que un ingeniero agrónomo se interese tanto por las propiedades de una planta que además hasta ahora no aparece vinculada con los asuntos agropecuarios del Uruguay.

EB —La tarea de un agrónomo no es agregarles todo el valor posible a las plantas. Me parece un poco obvio. Es la planta que más ha influenciado el arte, es una planta que ha generado un debate fenomenal, es increíble el amor y el odio que genera. Hay gente que la odia, hay gente que la venera. Por otro lado, si a alguien que se crio escuchando los Beatles en dictadura, como yo, le hubieran dicho que Uruguay iba a ser el primer país del mundo en el que iba a ser legal, habría dicho que era algo totalmente de ciencia ficción. Desde muy chico pensé que prohibir una planta era algo un poco loco, un poco absurdo, y un día, de la noche a la mañana, me encuentro con que estoy viviendo en el primer país del mundo que toma el riesgo de legalizarla.

EC —Usted participó de las movilizaciones a favor de la legalización de la producción y la comercialización. O sea que puso su granito de arena por ese lado.

EB —Sí, puse mi granito de arena. Lo entendía como parte de la democratización del país, y realmente creo que las sociedades funcionan mejor sin este tipo de prohibiciones. De la misma manera que en los países musulmanes está prohibido el alcohol, y me parece un error, me parece un error prohibir la siembra de una planta. Podemos discutir después si otros aspectos deben ser legales, pero que un ciudadano por tener tres plantas en la intimidad de su hogar vaya preso me parece un disparate. Me parece un poco orwelliano, el Estado mirando en los jardines y llevando preso a alguien porque tiene tres o cuatro plantes de la especie que sea, no importa cuál.

EC —El problema es que en Uruguay hasta esta ley estaban prohibidas la producción y la comercialización de todas las drogas, no el consumo.

EB —Eso puede ser polemizable. Cuando yo iba a las movilizaciones, el objetivo era que alguien pudiera tener sus plantas en la intimidad de su hogar y no fuera molestado por un Estado todopoderoso. Después, si comercializar o producir en gran escala está bien o mal lo podemos discutir, pero me parece que el autocultivo no se puede penalizar, es muy incorrecto, es una intromisión del Estado en la intimidad de los hogares que no se debe admitir.

Lo mismo rige para la amapola. ¿Por qué nuestras abuelas podían tener sus plantas de amapola y ahora en un hogar no se pueden tener cuatro amapolas, que es una flor bellísima? Porque capaz que alguien hace un laboratorio para hacer heroína me parece un argumento que no es democrático, debe reinar la democracia botánica.

EC —La idea de esta entrevista surgió a partir de una columna que usted publicó hace dos sábados en el diario El Observador. Usted escribe todas las semanas allí, en esta nota en particular advertía que Uruguay dispone por poco tiempo más de un monopolio mundial para trabajar con cannabis seriamente. Y agregaba que tiene una trayectoria de seriedad en general y trazabilidad en particular que no debería desperdiciar. ¿Cuál es esa oportunidad? ¿Por qué va por ese lado con el planteo?

EB —Hay varias oportunidades en torno a esta planta. Por un lado, el cannabis tiene la peculiaridad de que produce un conjunto de compuestos químicos, que se llaman cannabinoides, que hasta ahora no se descubrieron en ninguna otra planta. Los cannabinoides son unos 100, es una familia de compuestos químicos. Lo curioso de estos compuestos químicos es que nuestro sistema nervioso, el sistema nervioso de todos los vertebrados también produce cannabinoides. El más conocido es el que se llama delta 9 tetrahidrocannabinol, que es el que produce el efecto psicoactivo, el THC. Ese es uno de esos 100, los otros 99 no tienen efecto psicoactivo, y hay algunos en particular, el cannabidiol (CBD), que está bastante demostrado que tiene efecto en afecciones importantes del sistema nervioso. Típicamente en la epilepsia refractaria, que es una enfermedad terrible en niños, son niños que tienen decenas y decenas de ataques de epilepsia todos los días, que tienen que vivir con casco, a los que se les rompen los dientes, cuyos padres viven una situación desesperante de alerta permanente.

A partir de que se ha ido legalizando el uso médico y la investigación médica, esto está razonablemente comprobado. En ciencia decir que algo está comprobado siempre es un tema espinoso, pero para mi gusto Uruguay debería ser vanguardia en esta investigación y debería hacer su propia validación. Los cannabinoides, que como decía son generados por el sistema nervioso de todos los vertebrados y del ser humano en particular, cumplen varias funciones en el sistema nervioso y hay varias afecciones en las que están siendo estudiados a gran velocidad.

En el mundo hay dos países que ya tienen autorizada la exportación de productos medicinales en base a cannabis, que son Canadá y Holanda, e Israel se encamina a autorizarla en breve. Los ciudadanos israelíes ya tienen acceso a un montón de medicinas hechas a partir de cannabinoides. Uruguay, siendo un país donde es legal, no ha avanzado en la materia. Me parece que hay una razón humanitaria primero, de ponernos en el lugar de la gente que tiene esclerosis múltiple, párkinson, niños con epilepsia refractaria, que leen en internet que hay un montón de medicamentos disponibles, que hay un montón de investigaciones sólidas que están respaldando eso, y que están acá en Uruguay, en un país donde el cannabis es legal y no consiguen la medicina.

EC —En Uruguay el cannabis es legal por la ley 19.172, de diciembre de 2013, que está cumpliendo tres años. Esa ley regula la producción, la importación y la comercialización de cannabis con control del Estado para distintos fines. Del que más se ha hablado es del fin recreativo, pero también habilita que se la produzca y se la comercialice con fines medicinales y de investigación. Es a esta parte de la ley que usted alude.

EB —Absolutamente. Como todos opinamos sobre leyes, podríamos decir que esa ley tiene virtudes y defectos, y una de las virtudes que tiene es que separa claramente lo medicinal, lo industrial y lo llamado recreativo. Diferencia bien lo que es psicoactivo por un lado, lo que es medicinal por otro y lo que es de uso industrial por otro. Y en el uso industrial también hay un montón de cosas que se están haciendo en el mundo y en las que Uruguay viene un poco lento. Entonces me parece que es bueno acicatear esto.

EC —En lo medicinal en particular, ¿en qué punto está el desarrollo de esta oportunidad? Porque la ley habilita la producción a los efectos del uso medicinal y de la investigación. También hay un decreto regulador del cannabis medicinal de febrero de 2015, hace un año y medio largo. ¿Qué ha ocurrido en esta materia?

EB —No conozco al detalle todo lo que ha ocurrido, pero sé que hay un firme interés de investigadores uruguayos muy serios en investigar. Por ejemplo, en la Facultad de Ciencias se está trabajando en decodificar el genoma del cannabis que se planta en Uruguay. Me parece fascinante que estén pasando esas cosas. Y sé que en el exterior hay un interés enorme en avanzar, en venir a Uruguay y hacer asociaciones con la academia uruguaya, testear, desarrollar y generar productos. Pero después cuando quieren abrir una cuenta bancaria les dicen “ah, no, si es cannabis no puede abrir una cuenta bancaria”. Empiezan a suceder cosas de ese tipo: podemos, pero en la práctica decirle a un inversor que venga pero que no va a poder abrir una cuenta bancaria es como decirle que se vaya para otro lado. En Israel lo van a recibir con los brazos abiertos y en Uruguay no lo van a dejar abrir una cuenta bancaria… Lo mismo para el cannabis industrial, que no tiene ningún componente psicoactivo, pero si es cannabis no se puede abrir una cuenta bancaria. Son ejemplos.

Vamos a pasar a la historia, The Economist nos nombró país del año cuando legalizamos el cannabis, porque entendía que era una solución mucho mejor que la represiva, y después vamos a terminar importando todo. Si son telas las importaremos de China y si son medicamentos los importaremos de Canadá, Holanda, Israel. Me daría mucha pena esta situación por lo menos ambigua.

EC —Veamos esos otros usos, porque el cannabis medicinal no es la única, aparte del cannabis recreativo, que tiene posibilidades de explotarse. Hay una cantidad enorme de posibilidades industriales y textiles. Profundicemos en este otro campo.

EB —El uso textil del cannabis es parte de la historia humana desde sus inicios. Esta camisa que tengo puesta es de cannabis, por ejemplo, venida del otro lado del mundo.

EC —¿Qué quiere decir que es de cannabis? Parece una camisa de algodón o algo así.

EB —Sí, no es tan suave como el algodón, pero es mucho más resistente. La fibra de algodón es celulosa pura, es una fibra muy cortita y solo de celulosa, lo que la hace muy suave; la fibra de cannabis tiene aproximadamente 8 % de lignina, que es un material no tan flexible, pero muy resistente. El cannabis fue protagonista central de la historia humana como textil. Por su resistencia, las primeras redes fueron hechas de cannabis en Asia.

EC —Las cuerdas de cannabis son especialmente resistentes.

EB —Exactamente. Y en la historia de la navegación a vela el cannabis es protagonista central.

EC —¿Hoy mismo?

EB —La irrupción de los derivados del petróleo sustituyó las cuerdas de cáñamo, pero ayer me decían que en las ferreterías está volviendo la cuerda de cáñamo para el uso en plomería.

EC —¿Qué otros usos?

EB —El siguiente uso fue el papel. Los chinos se dieron cuenta de que con lo que quedaba de usarlo como textil, mojándolo y machacándolo, quedaba el papel. El primer papel que usó Gutenberg en su imprenta fue de cannabis, y la Constitución de Estados Unidos y los primeros dólares que se imprimieron eran de cannabis, porque para hacer un billete se requería un papel que no se rompiera con facilidad y que resistiera el trabajo de una imprenta.

El cannabis nos ha dado todo lo que imaginemos. Empezó siendo un alimento la semilla de cannabis, es un excelente alimento y se usa para desayunar. Si uno va a un supermercado en Estados Unidos, encuentra semillas de cannabis para desayunar, para comer como se comen tantas semillas hoy que tienen proteínas. En general la gente no sabe que lo único psicoactivo de una planta de cannabis, en algunas variedades, es la flor femenina, el resto no tiene ningún efecto psicoactivo. Siempre la pregunta es “y si desayuno esas semillas, ¿voy a tener una alteración en mi mente?”. Para nada, todo lo que no sea flor femenina no tiene efecto psicoactivo. Y es usada como alimento la hoja, la semilla. Imaginate lo que quieras y se puede hacer con cannabis. Esta mesa se podría hacer con madera de cannabis, porque es usada en construcción también.

EC —¿Cómo madera de cannabis? ¿Qué tamaño tiene una planta de cannabis?

EB —Las plantas usadas en la parte textil son bastante altas, de unos cuatro metros, y se hace enchapado, no se hace un aserrado como el de un árbol. Pero se usa por virtudes propias, no solo porque sea algo exótico.

EC —Para darle más contundencia a toda esta historia, Eduardo Blasina suele contar que George Washington plantaba cannabis, que tenía su propia chacra. La visitaste.

EB —La visité, me invitó la gente del Departamento de Agricultura de Estados Unidos. Tuve esa suerte de hacer una gira por Estados Unidos, me llevaron a la chacra y el guía explicaba que George Washington plantaba y que escribió de puño y letra que los agricultores de Estados Unidos tenían que sembrar cannabis y que la nación debía sacarle el mayor provecho a eso. De hecho, hay una publicidad televisiva muy famosa del comienzo de la Segunda Guerra Mundial, que se llama […] for victory, en la que el gobierno de Estados Unidos exhorta a sus pobladores a plantar cannabis como una herramienta para ganar la guerra. Apenas terminada la Segunda Guerra Mundial, creo que por razones mucho más de lobby de la industria petrolera y de otras industrias que por razones fundamentadas, viene toda la ofensiva que demoniza a la planta.

EC —¿La ofensiva prohibicionista con respecto a la planta de cannabis tiene que ver con la industria petrolera y no con el uso que puede dársele para una droga, para la marihuana en particular?

EB —Todo fenómeno es multicausal, pero sí creo que tiene que ver con correlaciones de fuerza a la interna de Estados Unidos, por un lado, tiene que ver con una actitud un poco parecida a la Trump en el sentido de que el cannabis llegó a América traído por los negros que venían de África y luego el uso recreativo vino por trabajadores de la India que fueron a América Central –por eso en Jamaica se hizo tan importante–, de allí pasó a México y la llevaban los mexicanos que ingresaban a Estados Unidos. Había arraigado en California por un lado y en el mundo del jazz, en el mundo del jazz se generalizó en los años 50. Toda sustancia psicoactiva genera un lógico temor, por algo en todo el mundo islámico el alcohol está prohibido, todo lo que nos saca estrictamente de la vigilia es visto con temor. Pero se mezclan muchos otros factores. Y sobre todo en los años 60, cuando la resistencia civil frena la guerra de Vietnam, ahí Nixon instauró el concepto de la guerra contra las drogas. Creo que eso fue lo que acentuó, llevó a su momento máximo la ofensiva contra la planta.

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EC —Dice Ruben: “Antes del teflón, los sanitarios usaban el cáñamo en las conexiones”.

EB —Sí, y creo que se está volviendo a usar para solucionar goteras. Las cuerdas de cáñamo han tenido miles de usos. Las alpargatas, las bolsas de arpillera… convivimos con el cáñamo sin ningún problema hasta hace unos pocos años, la humanidad convivió con el cáñamo sin problemas durante miles de años, hasta que vino este lapso prohibicionista. Shakespeare usaba cannabis para inspirarse, por ejemplo, y a nadie se le ocurría que era algo demasiado complicado.

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EC —Las plantaciones que se han habilitado ahora para el uso recreativo son muy acotadas, muy controladas, muy vigiladas. ¿Cómo serían las otras?

EB —Antes permitime decirte cuál es para mí un uso clave que me gustaría ver desarrollado en Uruguay. Como parte del sueño me gustaría ver Uruguay vanguardia en cannabis medicinal y por otro lado Uruguay vanguardia en bioplásticos. Creo que ahí hay un camino para valorizar el cannabis y los restos de maíz, de sorgo, de trigo, lo que queda después de cosechar. Imaginate lo que sería que Uruguay hiciera bolsas de bioplástico y botellas de bioplástico que se pueden compostar. Y si no somos los primeros, otros serán los primeros, porque hay mucha gente trabajando en cannabis para hacer bioplásticos, que tienen la misma función que los plásticos actuales pero que, al revés que estos, que son derivados del petróleo y que quedan miles de años sin poder incorporarse al suelo, se incorporan al suelo. Sería maravilloso para mí si llego a verlo en Uruguay, me encantaría.

EC —Teniendo en cuenta la variedad de destinos posibles que tiene el cáñamo, ¿de qué volumen de plantaciones estaríamos hablando? Estas que ahora se habilitaron tienen una hectárea, una cosa por el estilo.

EB —Sí, una cosa así.

EC —En total.

EB —Y son en invernadero y con una vigilancia supersevera.

EC —Están localizadas en el penal de Libertad.

EB —En el terreno que tiene el penal de Libertad.

EC —Para todo esto otro, ¿cuántas hectáreas habría que plantar? ¿Cómo sería el fenómeno?

EB —Sería un cultivo más. Lo podemos pensar como el maíz, como el sorgo, como cualquier otro cultivo. Lo primero que hay que aclarar es que es la misma especie, pero no tiene efecto psicoactivo. La ley de Uruguay además en eso tiene una virtud, que es que para que algo se llame cáñamo tiene que tener menos de 1 % de THC, que es el componente psicoactivo. Nada que tenga más de 1 % califica para ser llamado cáñamo. De todos modos, las variedades que se usan para fines industriales o textiles tienen menos de 1 %, eso no es ningún impedimento.

EC —¿Quiere decir que desde el punto de vista de los controles de seguridad no habría las mismas exigencias?

EB —Quiere decir que si alguien ve la plantación y dice “voy a robar esto para fumármelo”, es lo mismo que si robara maíz o sorgo para fumárselo, no le va a pasar nada.

EC —¿El aspecto es el mismo? Porque puede haber lugar a confusión, y puede haber problemas de robos, violencia, etcétera, a partir de un equívoco.

EB —La forma clásica de la hoja en forma de mano es la misma. En las plantas sembradas para textil lo que interesa es que la fibra sea larga, por lo tanto se siembran con una densidad importante para que busquen el sol. Son plantaciones muy altas, en ese sentido la forma de la planta es diferente de la de las psicoactivas, que suelen ser más como un arbolito de Navidad, más robustas. Son plantas de unos 4 metros.

EC —¿Entonces el factor seguridad no es un obstáculo para que esto se extienda como producción?

EB —Me parece que no es un obstáculo. Como la planta no tiene ningún efecto, no tendría ningún interés robarla; simplemente habría que controlar que lo plantado sea efectivamente todo de menos de 1 % de THC, que es algo no muy difícil de controlar.

EC —¿De qué volúmenes estamos hablando, de qué espacios?

EB —Creo que en esta primavera deben de estarse sembrando unas 300 hectáreas ya en Uruguay por empresas que están iniciando este recorrido.

EC —¿Ya hay empresas sembrando?

EB —Ya hay empresas sembrando.

EC —¿Para este uso?

EB —Para este uso industrial. En realidad, mientras tengan menos de 1 % de THC, hay variedades que pueden usarse como multipropósito, pueden ser de uso industrial, pero además se les puede extraer el CBD, que es uno de esos componentes que tienen potencial médico interesante.

EC —Son empresas que han hecho los trámites correspondientes ate el IRCCA.

EB —Son empresas que han hecho los trámites correspondientes ante el IRCCA y ante el Banco Central, que es sumamente estricto, lo cual por supuesto está bien. A pesar de que lo han encontrado extremadamente engorroso, han avanzado en ese camino y están sembrando.

EC —Es un dato interesate porque no sé si es muy difundido: ya hay unas 300 hectáreas sembradas con este destino. ¿Qué más? ¿Cuánto más interés hay, cuánto podría crecer este sector?

EB —En general la restricción es que requiere riego. Es un poco el huevo y la gallina: nadie se instala a producir textiles, por ejemplo, porque todavía no ha habido un volumen importante sembrado, y nadie siembra demasiado porque no había demasiada certeza en cuanto a que alguien lo quisiera procesar. Sin embargo hay por lo menos dos empresas que están empezando a importar cáñamo para hacer tela y ropa aquí, un poco por virtudes propias de la fibra y otro poco supongo que por la curiosidad que genera en los consumidores. Uruguay tuvo una industria textil con vegetales hasta los años 60, 70, a través del lino, y esa industria se cayó. Sería lindo que se levantara con lino, con cáñamo o con lo que fuera. Y se está empezando a trabajar en ello.

EC —O sea que hay una oportunidad de desarrollo de agroindustrias vinculadas con el cáñamo y el cannabis. No solamente plantaciones, sino después agregado de valor.

EB —Sí, la cooperativa Puerto Sauce, que está en Juan Lacaze, está empezando a importar de China porque tiene demanda de ropa y entonces importa la fibra y produce la tela. Ya está ocurriendo eso, incipientemente.

EC —¿Qué impacto puede llegar a tener en el agro uruguayo? Usted mismo este sábado escribía a propósito de cómo está terminando el año 2016 el agro, va a terminar con una caída.

EB —Una caída en el producto bruto agropecuario y la proyección es de crecimiento 0 en 2017, proyección oficial del ministerio.

EC —¿Entonces?

EB —Creo que el agro tiene un problema de escasa diversificación que va siendo cada vez más acuciante. El área de cultivos de invierno va cayendo, el trigo tiene un precio internacional muy bajo, no tiene perspectiva de subir, tiene a Argentina ahora de nuevo produciendo a full, y en cultivos de verano lo único rentable es la soja. Acompañan el maíz y el sorgo, pero ¿hasta cuándo el área de verano de Uruguay puede ser una relación de 10 a 1 entre la soja y el resto? Me parece que el prejuicio que hay en torno al tema impide mirar esto con otra mirada. Si lo que voy a plantar no tiene ningún efecto psicoactivo, tiene varios usos y aparece la demanda, ¿cuál es el problema con hacerlo? El qué dirán.

EC —¿Puede mover la aguja en el agro uruguayo?

EB —Si esto mueve la aguja en el Silicon Valley, que es una zona agrícola de Estados Unidos, si mueve la aguja en Canadá, ¿por qué no podría mover la aguja aquí? No me interesa ni decir que esto cura enfermedades, sí que Uruguay tiene que ser vanguardia en investigación; ni decir que esto va a ser la solución de los problemas del agro, sí que si no agregamos valor, si no diferenciamos y no investigamos, seguro no va a suceder. El primero que plantó cannabis en el siglo XX en Uruguay fue Alberto Berger, que es el padre de la genética de plantas de Uruguay. No había estigma en ese momento. Yo no digo que esto sea la solución de nada, digo investiguémoslo a ver hasta dónde llega. Gente de afuera interesada en apostar hay montones, cuando ganamos la licitación me fui a Estados Unidos en enero a California y a Colorado y el interés que hay es enorme, pero uno tiene que decir “me encanta tu interés, pero tomátelo con calma, porque en Uruguay, más allá de que tiene el mejor marco legal del mundo, luego en la práctica las cosas son más difíciles”. Hay muchísimo interés en apostar y en hacer alianzas. Pero por un rato más.

***

EC —Yo dije en la presentación que usted está muy involucrado en estos temas vinculados con el cannabis y la marihuana en Uruguay, ha jugado fuerte de distintas maneras, y varias pinceladas sobre su relación con el tema ya aparecieron en esta charla. Quedó dicho al pasar que es socio de Simbiosys, una de las empresas para el cultivo de marihuana seleccionadas por el IRCCA. Eso viene como frenado todavía, ¿la distribución todavía no tiene fecha?

EB —No tiene fecha.

EC —Y otra de sus jugadas es la inauguración, hace pocos días, del Museo del Cannabis de Montevideo, en el barrio Palermo, el primero en América del Sur. ¿Por qué dio ese paso también?

EB —Porque me parece que la gente no sabe muchas cosas de la planta, no sabe de esa relación que ha tenido el ser humano durante miles de años con la planta; el tema se banaliza mucho yendo por lo obvio, es una planta que tiene mil usos y se suele hablar solo de uno. Y me parece que al ser el primer país del mundo que la legaliza Uruguay tiene que mostrar una cara muy seria respecto al cultivo, como la imagen que da su selección (de fútbol). Uruguay va a ser un destino turístico cada vez más importante y el turista tiene que ver que el país se preocupa por agregar valor con seriedad respecto a este tema.

EC —Ese museo es un destino cantado para buena parte del turismo, ¿no?

EB —Esperemos que sí.

EC —Hay un interés comercial allí también. Ese movimiento les sirve muy bien a ustedes.

EB —Sí. Es una casa que tengo desde hace muchos años, que era la sede del club Mar de Fondo, y me parecía interesante que volviera a ser un lugar visitable. He venido armando un jardín por vocación y quería seguir siendo el jardinero de ese jardín. La idea es mostrar frutos nativos, plantas de café, plantas de burucuyá, mostrar un montón de plantas; además de hacer un museo, hacer un pequeño jardín botánico urbano, me parece que hacer de Montevideo un lugar urbanamente más verde era algo interesante de hacer. Por supuesto que espero que eso se pueda sustentar económicamente, pero la idea es por un lado mostrar cómo Uruguay puede tomar este tema de la mejor manera, y por otro, cómo podemos reencontrarnos con la naturaleza, ver un zorzal en medio de la ciudad comiendo una fruta nativa. Filosóficamente me gusta mucho.

EC —Se entiende, todo su planteo se entiende muy bien. Pero también tiene esta otra lectura o esta inquietud que plantean varios oyentes: con iniciativas como esta y con apelaciones como esta, ¿no se contribuye a quitarle a la marihuana en sí misma su carácter nocivo, riesgoso? Dice un oyente: “Sería bueno que también se mencionaran los efectos negativos que origina fumar esa planta”. Es lo más visible, es lo que más curiosidad ha generado.

Y una oyente que tiene su propia experiencia como profesional de la medicina dice: “Como médica ginecóloga que asiste todos los días a mujeres que consumen drogas, presencio los efectos no solo en las madres, sino en sus hijos. Partos prematuros, defectos congénitos, abandono del niño, y en ellas desnutrición, adicción, que las lleva al robo, con ello a la cárcel. Un comentario: en diferentes obras sociales hemos hecho un breve estudio, se les solicitó a los adolescentes que realizaran un dibujo con el que se sintieran identificados, y ¿saben qué sucedió? El 80 % de los consultados dibujaron la famosa plantita. De modo que adhiero fervientemente al comunicado lanzado por las Sociedades de Psiquiatría en su momento, lamentablemente ignorado por el gobierno y el Poder Legislativo. Sigo esperando campañas publicitarias de bien público donde se comprometa con las advertencias”.

¿Qué dice de esta inquietud?

EB —Que es una inquietud válida, por supuesto. Deberíamos ser muy claros en que ningún menor de 18 años debe consumir marihuana. Deberíamos ser muy claros en cuanto a que la combustión del fumar hace mal siempre. Deberíamos ser muy claros en cuanto a que una mujer embarazada obviamente no debe consumir marihuana. Pero todas esas inquietudes, que son válidas, en primer lugar, se resuelven mejor desde la legalidad y la regulación que desde la prohibición. Lo mismo vale decir del alcohol, no lo deben consumir menores, no lo deben consumir embarazadas, no lo debe consumir alguien que está por manejar. Pero no por eso vamos a salir a cerrar a cal y canto las bodegas o a estigmatizar al que consume en todos los casos. El presidente de Estados Unidos, Obama, dice que el tratamiento de alcohol y marihuana debe tender a converger y ser similar, y es muy posible.

Por supuesto que no hay que minimizar que el consumo tiene riesgos. Simplemente hay que calibrar cuál es el riesgo científicamente medido. Hay un riesgo, ¿cuál es? Nunca vamos a ver una noticia que diga que alguien murió por sobredosis de marihuana. Ese es un factor que hay que tomar en cuenta. En mi carrera, cuando estaba en la facultad, había una cosa como que el que tomaba más alcohol era el más guapo o el más macho o no sé qué, y vi montones de gente en coma, que uno no sabía si estaba viva o muerta. Eso no sucede. Por otro lado, el tabaco es muchísimo más adictivo, por un montón de razones que están muy bien explicadas. Esto tiene un nivel de adicción que en general es menor que el de otras sustancias, lo que no quiere decir que no haya gente que adopte un consumo compulsivo.

Por supuesto que todas las adicciones son malas, por supuesto que fumar genera consecuencias para los pulmones que no son buenas y por supuesto que las campañas de prevención deberían ser más que bienvenidas. Pero el Estado debe tratar a sus ciudadanos como personas adultas a las que les debe dar información de calidad y no decretarles que tal cosa queda prohibida, porque entonces lo que va a generar es un mercado negro que va a hacer que todos esos riesgos se multipliquen.

Video de la entrevista

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Transcripción: María Lila Ltaif

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