Entrevista central, martes 21 de febrero: Jorge Gandini

Entrevista con el diputado Jorge Gandini (PN).

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EN PERSPECTIVA
Martes 21.02.2017, hora 8.25

Video de la entrevista

EMILIANO COTELO (EC) —“El tiempo de Alianza, tal como lo conocemos, está terminado. Es momento de ir por todo.”

Esa frase aparece estampada en un documento que el senador Jorge Larrañaga difundió en los últimos días del año pasado y que sorprendió a la mayoría de los dirigentes de su sector.

Algunas horas después, él mismo explicaba su intención, que es llevar adelante una transformación del grupo que lidera, para convertirlo en un movimiento que se llamaría Juntos.

(Audio Jorge Larrañaga.)

De la misma manera que surgiera en 1997 como Nueva Fuerza Nacional y después fue Alianza Nacional, hasta ahora, creemos que hay que hacer algo más grande, que pueda ser abarcativo de distintos sectores, de intendentes, de legisladores, de diputados, de senadores. Y que ese sector se pueda llamar Juntos.

(Fin audio.)

EC —La semana pasada, Larrañaga se reunió por primera vez con los legisladores de Alianza Nacional (AN), para dialogar, entre otras cosas, sobre esta propuesta. ¿Qué pasó? ¿Cómo fue ese encuentro? Sobre todo, ¿cuál es el futuro de AN?

Vamos a conversarlo con el diputado Jorge Gandini.

Cuando a fin de año, el 29 de diciembre, circuló el documento difundido por Larrañaga, usted fue uno de los que hicieron declaraciones manifestando su sorpresa. ¿No esperaba que Larrañaga diera ese paso, que algunos definieron como “la partida de defunción” de AN?

JORGE GANDINI (JG) —Primero, no hice declaraciones; lo que hice fue comentarle a un medio que insistió mucho en que hiciera declaraciones que no se las podía hacer porque no había participado, no conocía más que el mismo documento que tenía la prensa, por lo tanto no podía ampliar demasiado. Fue así, porque recibimos el documento diputados, senadores, intendentes, dirigentes en general, los jóvenes, convencionales, una cantidad importante de compañeros vinculados al sector o por correo –yo lo recibí por correo-correo, en un sobre en mi casa– o por correo electrónico. Llamó la atención porque no esperábamos ese documento sobre finales de año. Un documento con un formato estético muy elaborado, lo que da la pauta de un material terminado. No habíamos participado en ninguna elaboración de eso, más allá de que sí habíamos conversado más de una vez.

EC —A propósito de la estética, el documento parece una presentación para ser proyectada, es una serie de placas con textos cortos.

JG —Exactamente, que en el formato impreso que recibimos es un librillo.

EC —Son 18 páginas en ese formato.

JG —Habíamos conversado sobre el tema más de una vez, en más de una ocasión. Más formal o más informalmente, siempre conversamos la posibilidad o la idea de la transformación del sector de AN en una organización política más abierta, para que pudieran expresarse dentro de ella liderazgos emergentes que no tienen lugar en una estructura demasiado cerrada. Porque el partido, lamentablemente, va a internas que son tremendamente abiertas, las más abiertas de todas, en las que participa todo el mundo y todo el mundo saca listas en todo el país, y eso hace que el partido vote muy bien en las internas. Tanto que en la interna el partido vota mejor, va más gente a votar al Partido Nacional (PN) que al Frente Amplio (FA). Cuando llegamos a la elección nacional todo eso se comprime en dos grandes columnas y muchísima gente que expresó una pequeña lista o corriente dentro del partido queda encolumnada en una de esas dos tendencias y queda muy abajo, muy lejos, entonces queda también muy desmotivada. Y no trabaja, no trabaja del mismo modo que lo había hecho en la interna.

EC —A partir de ese análisis, ¿qué es lo que ustedes entendían –porque por lo visto lo habían estado conversando– que tenía que pasar con AN, cuál era el problema de AN?

JG —Una de las conclusiones era que teníamos que ir a un formato de varias corrientes, que existen en AN, pero que se pudieran expresar también electoralmente. Y que tuvieran cabida en el sector. O sea que el hecho de que existieran varias corrientes y que estas además tuvieran expresiones electorales en el Senado, por ejemplo, en el tiempo de las elecciones nacionales, no fuera en contra sino a favor de una candidatura presidencial en la interna y la fuerza del sector en las elecciones nacionales.

EC —Ustedes entendían que AN tenía que recorrer un camino similar al que en etapas recorrió la rama herrerista del partido. Porque hubo un primer intento encabezado por el propio doctor Luis Alberto Lacalle y luego otro parecido, con las mismas características, cuando se creó Todos, encabezado por Lacalle Pou.

JG —Sí. Ahí la génesis es diferente, porque eso sucede en la transición entre el liderazgo de Lacalle Herrera y un vacío que se genera en la búsqueda de un nuevo candidato –en el que varios intentaron ocupar ese lugar– y la llegada de Lacalle Pou. Cuando llega Lacalle Pou, llega con su grupo, pero hay otros, y esos otros se expresan en las elecciones internas y marcan sus votos. Eso podía haber llevado a dos situaciones en las elecciones nacionales: o varias listas al Senado o la negociación –y las elecciones internas dan un elemento objetivo para el ordenamiento– y la construcción de una lista única, que fue lo que hicieron. Pero tuvieron una génesis diferente.

En nuestro caso quizás el resultado sea parecido. Pero parte también de una reflexión: ¿qué le pasa al partido que vota a veces mejor en las elecciones internas que en las nacionales? Quizás la explicación sea que el FA no les da demasiada importancia a las elecciones internas, cumple con un trámite, de ahí surge poca cosa, y para los blancos surge todo. Los blancos elegimos las autoridades que van a comandar al partido por los siguientes cinco años en lo nacional y en lo departamental, sale la candidatura presidencial, salen las candidaturas a intendentes y se ordenan las listas. O sea que el que marcha en una interna marcha para después, la interna es la madre de todas las batallas. Y si quedaste primero en la interna vas a encabezar una lista y capaz que vas en coche, y si quedaste cuarto, ya marchaste. Lo digo bien clarito para que todo el mundo entienda cómo es la lógica de la política, que es muy democrática la nuestra.

Pero eso también le quita potencia, porque ese que dice “ya fue lo mío” después en muchísimos casos se traduce en que estoy, acompaño, pero guardo energías para cuando tengo chances de vuelta, en las municipales. Y en las municipales voy a la Junta Departamental, voy a una alcaldía, voy a un municipio, entonces reaparecen una cantidad de listas que pueden acumular por su lema, que pueden expresarse y que tienen lugares donde hacerlo. Donde el partido pasa por un cuello de botella es en las elecciones nacionales, porque al haber dos grandes listas al Senado, hay dos listas a Diputados. Y en el FA hay 9, 10, 13 listas al Senado y una cantidad similar de listas a Diputados, eso abre un abanico y motiva al trabajo y a la competencia. Más allá de esa reflexión, esa reflexión ayuda a pensar que puede ser hasta bueno para el partido, además de para el sector, abrir los espacios.

EC —De eso estaban conversando en AN.

JG —De eso estábamos conversando, porque es innegable que hay algunos compañeros que ejercen la titularidad de varias intendencias hoy en día, que fueron elegidos por AN, que tienen un fuerte cuño wilsonista en su matriz ideológica, en su origen y en el modo de su gestión, que se han reunido y quieren hacer algo juntos. ¿Qué es lo que pueden hacer? Quizás eso, ser una expresión dentro del sector con sus particularidades y luego expresarse como una lista al Senado. En mi caso, yo estoy por el mismo camino ya hace rato, formando un movimiento a nivel nacional, en el que ya trabajan algunos diputados y dirigentes de otros departamentos conmigo, pero todavía no lo hemos expresado en tanto es necesario definir algunas reglas generales. Y puede haber otras dentro del sector.

EC —Hay varios que están en esa onda, hay varios dirigentes, varios grupos que están reorganizándose con esa idea y que hasta ahora no tenían cómo expresarse, la estructura de AN no se lo permitía y estaban ahí, como han dicho algunos, con un pie adentro y un pie afuera, dependiendo de qué pasara con AN, si cambiaba o no cambiaba.

JG —AN tiene que hacer esa reflexión, es obligatorio. Perdimos dos veces la interna, y perder tiene sus consecuencias no solo electorales, tiene también sus consecuencias anímicas, psicológicas, en la mirada de futuro. Hay que recrear los escenarios para luchar desde otro lugar, no se puede hacer siempre lo mismo. Entonces ahí hay una fuerza interesante de liderazgos emergentes que quieren expresar matices, y expresarlos políticamente, pero también electoralmente, y hay que darles juego. Eso parece inteligente, parece bueno.

EC —¿El documento de Larrañaga va en esa dirección?

JG —El documento de Larrañaga va en esa dirección en tanto pone algo nuevo sobre la mesa, patea el tablero y dice “AN no va a ser más como era”.

EC —Pero el diagnóstico que incluye el documento no es el que usted estaba haciendo. El diagnóstico habla de un éxito de AN, está en las primeras hojas, dice: “Alianza Nacional nace en 1999 como una trinchera. El partido tuvo en la primera vuelta su peor votación posdictadura, con un 22 %, y para octubre varios de nosotros decidimos reunirnos para dar la batalla electoral que nos quedaba. El objetivo era la supervivencia, y lo logramos, blindamos la trinchera, pusimos la cara por el partido, salimos jugando para adelante y conseguimos dos senadores y dos diputados. Después vino 2004 y el año de la revolución nacionalista y volvieron las banderas a las casas y los militantes a las calles y los jóvenes a la política y Wilson a la gente y Aparicio a la memoria y volvió el orgullo histórico y aquel escenario inicial de riesgo se revirtió inexorablemente. El Partido Nacional estaba más vivo que nunca. Con la mejor elección blanca de los últimos 27 años, superamos el 35 % y perdimos contra el mejor Frente Amplio que se haya conocido. Alianza Nacional tuvo dos elecciones más en las que peleó la interna palmo a palmo y donde solidificó al Partido Nacional como la fuerza más importante de entre todos los partidos de oposición. Hoy nuestra trinchera ya es bastión inexpugnable y el objetivo inicial está cumplido. El tiempo de Alianza, tal como la conocemos, está terminado, es momento de ir por todo”. El diagnóstico es muy distinto del que usted formulaba recién.

JG —No, creo que le estoy agregando a ese diagnóstico. Lo comparto totalmente, AN cumplió un papel muy importante, rescató al partido en el 2004, cuando veníamos de haber salido terceros en la anterior elección, en el 2000 fue un desastre, salimos terceros. Y ahí el partido votó muy bien con Larrañaga a la cabeza. Después nos tocó perder en la interna, pero es verdad que hay una actitud que hay que reconocerle a Larrañaga: asumió la candidatura a la vicepresidencia con una enorme grandeza y colaboró enormemente para que el partido se uniera, dejando atrás aquellas etapas en las que nos matamos entre nosotros –creo que hubo un cambio cultural y un aprendizaje muy importante–, y el partido tuvo un gran desempeño electoral y se consolidó como la alternativa en el país. Hoy cualquier ciudadano, cualquier analista sabe que si no gana el FA gana el PN, es la lógica, la alternativa, más allá de las alianzas que tenga que hacer en una eventual segunda vuelta. Lo que estamos diciendo es cómo desempeñarnos mejor en esta etapa.

EC —Pero el documento de Larrañaga solamente habla de lo que este modelo de AN habría obtenido como resultados. Dice “nuestra trinchera ya es bastión inexpugnable y el objetivo inicial está cumplido”, pero no habla de estos otros inconvenientes, y sobre todo no habla del desgaste que el liderazgo de Larrañaga ha ido mostrando en los últimos tiempos.

JG —Pero esos inconvenientes son del partido, en el otro sector del partido está pasando lo mismo. Carlos Enciso, el intendente de Florida, anuncia un camino similar al que estoy comentando, sacar su propia lista al Senado respaldando la candidatura de Luis Lacalle Pou, pero expresando otra cosa dentro de ese sector. Y nadie se engaña, dentro del sector el senador Javier García expresa con su grupo Espacio 40 algo diferente que no responde exactamente a la línea oficial. Y eso está bien. Si eso termina en más de una lista al Senado no sé, pero podría terminar. Pero eso puede poner en duda qué sector del partido queda con algunas bancas. Eso lo puede poner en duda, lo que alimenta la posibilidad de ganar la presidencia.

Fíjese adónde nos lleva el sistema. Lacalle Pou nos gana la interna por un margen respetable; normalmente el que gana la interna tiene el favoritismo y encabeza y por lo tanto luego se expresa claramente en el resultado de la elección nacional en la bancada. Sin embargo en la elección nacional obtuvimos 16 diputados cada uno de los dos sectores, 16 y 16.

EC —¿Qué lectura hace del contraste entre la elección interna y la interna que mostró la elección nacional?

JG —Mi lectura personal es que privilegiamos mucho eso, la disputa o los espacios entre los sectores, y perdimos de vista quizás, en el formato que tenemos para enfrentar la elección nacional, el objetivo principal. Si hubiera terminado 20 a 14 en vez de 16 y 16 pero hubiéramos ganado la elección, el resultado habría sido otro. Pero miramos mucho cómo equilibrar las fuerzas internas. Creo que el formato que tenemos que mirar para adelante tiene que privilegiar ganar la elección nacional, más allá de cuál sea el sector o las agrupaciones que tengan mayorías dentro del partido.

EC —Eso lo dice el documento cuando dice “ahora es momento de ir por todo, el nuevo objetivo es ganar el gobierno de la República y para nuevos fines hay que tener nuevos medios. En 2017 lanzaremos un nuevo frente político llamado a reunir sectores, dirigentes, militantes y jóvenes bajo la bandera del wilsonismo. Si queremos cambiar la realidad de nuestro país debemos llegar al poder, y si queremos llegar al poder debemos tener una estructura más grande, más amplia y más inclusiva”. ¿Entonces? Coincidencia total con lo que usted venía señalando.

JG —Por eso decía, en la evolución del análisis y del diagnóstico habíamos discutido esas cosas, se expresaron claramente en un documento y hasta ahí creo que vamos bien. Nos sorprendió porque no esperábamos el documento, nos sorprendió que no nos hubiéramos sentado todos a escribir, a aportar ideas. Pero es una de las maneras que a veces los jefes políticos, los líderes, tienen de sacudir el tablero y la modorra: “Tomen, acá tienen, váyanse con deberes a las vacaciones y el año que viene discutimos”.

EC —¿Hablaron de eso en la reunión de la semana pasada?

JG —Sí, sí.

***

EC —Usted decía que con el documento de Larrañaga, pese a que ustedes no participaron en la elaboración, tiene algunas coincidencias, tanto en el diagnóstico como en la fórmula, la organización alternativa que se insinúa en él. Pero en cuanto al diagnóstico, el texto no habla para nada del desgaste de la figura del propio Larrañaga como líder, y ese es un factor que está jugando hoy en su grupo político. ¿Cómo lo ve?

JG —Pienso que la permanencia en política en estos tiempos en que la comunicación es tan importante y tan activa siempre genera desgaste, para cualquiera. Y Larrañaga, que es un dirigente que ya hace muchos años que toma decisiones y encabeza un grupo y se hace cargo de esas decisiones, obviamente ha sufrido un desgaste. Quizás esa sea la explicación de –me atrevo a decirlo, es cosa mía– de por qué cuesta tanto hablar con Jorge Larrañaga, a los periodistas también, quizás haya decidido poner un paréntesis en su aparición pública tan activa y permanente y de asumir el liderazgo en la comunicación todos los días. Quizás haya que poner un poco de distancia para estar renovado en los próximos tiempos y elegir mejor el momento en el que se sale.

EC —Este es un paréntesis, un período de menor comunicación que Larrañaga inició en las elecciones internas, cuando perdió las elecciones internas del PN y llegó a esbozar la posibilidad de un retiro, con aquella frase que tanto dio que hablar. Esa es mi sensación. ¿Usted entiende que todavía está en proceso ese debate interno que Larrañaga tiene consigo mismo?

JG —Creo que sí. Yo no recuerdo en la interna partidaria, no desde que hay internas, desde antes de las internas, una ocasión en que el que arrancó el período como la principal figura al final haya llegado como la principal figura del partido. Siempre el que vino de atrás terminó adelante. Jorge Larrañaga en el 2004 salió de atrás, recuerdo haber subido con él al acto de la Curva de Maroñas el 20 de marzo del año electoral, de ahí largó, y con él subimos al estrado otros y muchos que eran precandidatos hasta ese momento. Y en ese corto período, de marzo a junio, cuando fue la interna, la ganó. Pero después él fue el preferido y la perdió, la perdió con Lacalle, y después la perdió con Lacalle Pou. Es decir que el manejo táctico de la presencia es una cuestión que hay que valorar, no es como otras actividades, que hay que estar, estar y estar. Quizás hay que estar cuando se debe estar.

EC —De todos modos, dentro de AN se discute mucho a propósito de si Larrañaga sigue siendo el candidato, el referente. Hay otros nombres en danza, ¿no?

JG —No, de AN no. Alianza es el movimiento fundado por Jorge Larrañaga y los que estamos ahí respaldamos a Jorge.

EC —¿Todos?

JG —Sí.

EC —¿Incluso los que están en la puerta viendo cómo se reorganiza el grupo para saber si van a tener o no espacio para expresarse sectorialmente?

JG —Si alguien entiende que el candidato es otro, la estructura de nuestro sistema electoral, y aún más la de nuestro partido, lo habilita a que arme su camino y arme su movimiento sin que nadie lo vaya a cuestionar ni a criticar. Esa es la política del partido, un día Jorge Larrañaga lo hizo él; cada uno empieza un día un camino, dice “entiendo que estoy maduro para liderar un proceso y llegaré hasta donde llegaré”. Lo puede hacer. Pero AN tiene una expresión clara en Jorge Larrañaga; el día que Jorge no esté, veremos.

EC —¿Cómo ubica el juego que está haciendo la senadora Verónica Alonso, por ejemplo, que pertenece a AN?

JG —No sé, ella no fue a la reunión del otro día, que era muy importante en este tema, la habíamos reclamado, durante el verano reclamamos muchos tener esta reunión con Jorge Larrañaga para analizar el documento. Y Verónica no acudió, tampoco avisó, tampoco puso una excusa ni dio una razón que nos lleve a pensar que tenía una diferencia política. Simplemente no estuvo. Y en varias entrevistas ha hecho manifestaciones con relación a la candidatura de Jorge, no al liderazgo, pero sí a la candidatura, y ha dejado la puerta abierta para ser ella misma candidata.

EC —¿Y eso cómo entra en todo este cuadro de reorganización de AN?

JG —Entra en definiciones.

EC —¿Qué quiere decir?

JG —Claro, si no estuviéramos discutiendo esto hoy esa situación se podría extender, porque hay una situación que permite que todas las posibilidades convivan. Entramos en un debate, fue lo que empezamos el otro día en la agrupación parlamentaria, empezamos a discutir el futuro, lo hicimos entre otros temas, entre diputados y senadores, y se hará con intendentes y con otros dirigentes nacionales que no son ni diputados ni intendentes pero son muy importantes en el sector, empezó una conversación con los jóvenes. En la medida en que comenzamos a conversar, y vamos a sacar conclusiones en breve, en un mes, dos meses, eso separa las aguas, o se está o no se está, se está en este proyecto o no se está.

EC —¿Estar en este proyecto implica reconocer a Jorge Larrañaga como el precandidato presidencial de toda esta corriente?

JG —Para nosotros sí, aunque él no lo manifieste públicamente.

EC —¿Entonces quien tenga sus propias aspiraciones presidenciales, ejemplo Verónica Alonso, tendrá que hacer rancho aparte?

JG —A nadie se le ocurre que vamos a hacer una interna de AN a ver quién es el candidato, si fuera así tendríamos que hacer una interna, y no hay espacio para hacer una interna en un sector que tiene ese formato. En el partido se pueden expresar otras corrientes. Los intendentes estuvieron analizando eso y hoy están plenamente integrados al sector, con una visión diferente, crítica en algunos aspectos y alternativa. Vamos arriba, eso es lo que construye. Pero no cuestionan eso, todo el mundo puede tener su visión, pero hay un momento en que se dividen las aguas.

EC —¿Qué más? ¿Qué saben? ¿Qué discutieron con Larrañaga a propósito de cómo encarar esta nueva etapa, esto que él llega a denominar Juntos? Lo primero ya lo señaló, sería un movimiento más abierto.

JG —Más abierto, en el que hay que establecer reglas de juego claras, que todavía no están discutidas, en el que tienen que participar otra cantidad de dirigentes. Muchos compañeros estamos sentados en el Parlamento por el esfuerzo de dirigentes que no salieron nada pero que aportaron su caudal electoral en distintas zonas del país. AN no tiene diputados en Rocha, en Flores, en Florida, en Rivera, en Salto, por ejemplo, y sin embargo tenemos agrupaciones importantes allí, con dirigentes de referencia. Toda esa gente tiene que participar en el debate. Y tenemos que llegar a conclusiones y tenemos que salir con mucha fuerza. Nosotros tenemos que sentirlo y la ciudadanía tiene que sentir que hay un sector dentro del partido que prendió los motores para salir a competir con la interna, no nos quedamos con la idea de que hay un resultado ya establecido de quien ganó la interna. La vamos a pelear, nos tenemos que preparar diferente y mejor para pelear esa interna. Y luego hay que trabajar contenidos.

EC —En el documento se sostiene “estos no son tiempos electorales todavía”. De todos modos, hay lineamientos que tienen aire electoral. Por ejemplo, se menciona que se va a hacer un énfasis fuerte en el despliegue en Montevideo y Canelones, que uno de los objetivos principales es que el PN “vuelva a ser la principal fuerza política en la capital y otro tanto en Canelones”. ¿Qué importancia tiene esto?

JG —Eso también lo dijo el otro sector del partido, se lo escuché decir en estos días a Todos, Lacalle Pou dijo algo en el mismo camino, diseñando su formato de trabajo para adelante. Es el reconocimiento de una situación obvia. El partido siempre ha trabajado más donde le va a mejor que donde le va a peor, porque es natural, uno tiende a ir adonde se siente más cómodo. Pero las elecciones se ganan en el sur, donde al partido le cuesta, y le cuesta porque le cuesta el vínculo, el discurso y la confianza en los centros urbanos. Le cuesta Montevideo y le cuesta Canelones, pero ahí es donde se da la batalla. Mejorar un 10 % en Tacuarembó no mueve la aguja, hay que mejorar un 2 % en Canelones y un 3 % en Montevideo y ganar la elección. Por lo tanto es ahí donde todos nos disponemos a trabajar, de modo diferente quizás los dos sectores.

Más allá de la comunicación, que hoy en día es además un desafío permanente, hay una labor de infantería ineludible en la política, de un mano a mano, de dar la mano, de mirar a los ojos, de hablar con la gente, de ir a las casas, de entenderla, de poder interpretar. Sobre todo porque los políticos estamos confundidos, desconcertados, en estos tiempos en que la gente ha cambiado la forma de pensar radicalmente sobre nosotros, sobre la democracia, sobre las respuestas que la democracia le da, la gente se ha empoderado a través de las redes sociales de un lugar para decir lo que opina y lo dice sin ningún desparpajo y a veces sin ningún respeto.

EC —¿Los tiene nerviosos?

JG —A mí en particular me tiene desconcertado, quiero tratar de entender. Y las reacciones o a veces los comportamientos electorales pueden ser diferentes; quiero ver si al final no termina todo como siempre. Uno ve a la gente opinando mucho más radical, exigiéndonos cada vez más, exigiéndonos en el mano a mano, nos llega como quien dice a la puerta de nuestra casa a través de las redes sociales la pregunta de qué hicimos, dónde estuvimos, por qué no estuvimos, por qué no había cuórum, por qué no estábamos en sala, qué votamos, por qué lo votamos. Eso nos demanda mucha más presencia. Y eso hay que hacerlo, es parte del trabajo, sobre todo en Montevideo y Canelones.

EC —Tengo este mensaje de un oyente –celular terminado en 078–: “Ganar, perder, alianzas, etcétera, pero ¿dónde están las ideas?, ¿dónde están las soluciones?”.

JG —Es que vamos a conseguir el objetivo si logramos eso. En cualquier organización hay que empezar por fijar las reglas de juego. La nuestra está en esa etapa. Paralelamente, en esta otra, porque, más allá de las ideas, hay que saberlas comunicar y estas tienen que reflejar lo que la gente está pidiendo para volver a creer. Creo que el gran desafío es enamorar, volver a enamorar.

EC —El documento deja clara la matriz wilsonista, el énfasis por ese lado, pero a esta altura del partido decir wilsonismo ya es algo demasiado amplio. Tanto es así que la otra corriente del partido, Todos, tiene dirigentes, tiene figuras que vienen del wilsonismo también.

JG —Sí, es así, y decir wilsonista es también congraciarse inmediatamente con el que está del otro lado. Pero puede querer decir poco, sobre todo para una generación, para la gente menor de 40 años, que ni conoció a Wilson. Primero, tenemos que hablar mucho menos de Wilson y entender mucho más lo que quiso hacer y decir, y tratar de adaptarlo, interpretarlo y llevarlo a estos tiempos. Porque su éxito fue ese. Eso quiere decir representar los intereses de las mayorías, ser capaz de llevar adelante transformaciones con mucho coraje, diciendo lo que hay que decir, más allá de que convenga o no. Porque esa fue una de las enseñanzas de Wilson, no siempre dijo cosas que le gustaran a la gente, ni siquiera al partido, pero después le reconocimos que ese era el valor que tenía. Y el partido tiene que poner una cantidad de aspectos en discusión interna para reencontrarse con una serie de valores y de postulados populares que en función de cierta visión que copó al partido se fueron abandonando, se fueron poniendo en segundo lugar.

EC —¿Ahí usted está recogiendo planteos que han hecho, por ejemplo, el intendente Sergio Botana, la intendenta Adriana Peña, que han hablado de una imagen del PN “cajetilla”, etcétera?

JG —No, no me refiero a la imagen, porque ahí seguimos discutiendo sobre la superficie. Me refiero al debate sobre los temas de fondo. Tenemos que encarar algunos temas de fondo que fueron parte de la esencia del wilsonismo que hoy no están. Hoy estamos discutiendo mucho sobre los temas emergentes, hablamos de la seguridad pública y qué hacer con la seguridad pública y si aumentamos las penas o cambiamos las cárceles, pero no discutimos sobre el tema social de fondo. Hoy damos por buenas unas políticas sociales que la izquierda pone sobre la mesa y parecen tener valor porque están rodeadas de un discurso hegemónico y aceptado, pero desde que el FA llegó hasta hoy aumentó el embarazo adolescente de una manera escandalosa. Entonces cuando miro eso y miro la cantidad de gente que duerme en la calle, y miro el aumento de la marginalidad y miro algunas otras cosas que están pasando en la minoridad, y ya no le puedo echar la culpa al neoliberalismo de los años 90, veo que esas políticas sociales fracasaron.

Entonces me tengo que poner a discutir en serio políticas sociales, pero en serio, no sobre lo que hace el FA. Porque no podemos ser reconocidos por la gente como aquellos que estamos en contra de lo que hace el FA, entonces como hay gente que está en contra de lo que hace el FA y los blancos son los que están en contra, yo soy blanco porque ellos están en contra y dicen lo que yo quiero decir. ¡No! Eso está bien, pero hay que trascenderlo, hay que ser capaz de instalar un modelo alternativo al FA en materia económica, en materia de inserción internacional, en materia de políticas sociales sustentables con las políticas económicas. Hoy no es sustentable.

Escuchar a la senadora Moreira hoy es escuchar un debate estudiantil, “hay que gastar más”. Fenómeno, pero tenemos US$ 2.150 millones que nos faltaron. Senadora Moreira, este año vamos a pagar US$ 2.900 millones de intereses de deuda y amortizaciones obligatorias. Y esto lo paga un partido político que duplicó el endeudamiento externo desde el 2004 para acá y planteaba antes el no pago de la deuda. Pero ahora tenemos que servir a ese endeudamiento, que este año va a crecer en otros US$ 2.000 millones para poder pagar el presupuesto, que es lo que faltó, el 4 % del PBI, y se los restamos al crecimiento genuino. Pero la respuesta de la izquierda es “pongamos más impuestos, que hay gente que todavía puede pagar”. ¿Para qué? Para pagar deuda.

Ese debate es el que nos falta. Cuando ustedes agarren el gobierno, ¿qué van a hacer? Y el qué van a hacer no es aislado y puntual, no es qué vamos a hacer en materia educativa, es que vamos a hacer globalmente, cuál es nuestra visión de país, que no es que no la tengamos, pero no la estamos sabiendo profundizar y explicar. Y a veces nos quedamos en la superficie porque la superficie nos permite tener menos diferencias. Yo estoy dispuesto a tener diferencias si es para profundizar una visión de país.

Video de la entrevista

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Transcripción: María Lila Ltaif

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