Entrevista, martes 26 de junio: Álvaro Garcé

EC —Sí, sí, pero…

AG —Cuando digo respaldo es que el funcionario sienta que todo el cuerpo policial está alineado, desde los mandos políticos hasta el personal subalterno. Eso no es menor. Usted dirá qué tanto más hay que hacer. Con eso nada menos se podrían tener resultados mucho más efectivos. Luego, si es necesaria una reforma constitucional o no lo dirá la ciudadanía. En lo personal le diría que repensar el artículo 11 de la Constitución es un elemento a pensar, porque efectivamente hay en esa norma una garantía ciudadana que fue pensada correctamente en otro contexto, en otra época y hoy está siendo indebidamente aprovechada por organizaciones criminales que se escudan en eso, en la noche, para trabajar impunemente. Entonces creo que habría que repensar eso. Y reitero, si me pregunta respecto de medidas procesales como el cumplimiento efectivo de las penas, le diría que estoy de acuerdo; si me pregunta respecto de ciertas modificaciones al Código del Proceso Penal como las que se están manejando, le diría que en general tienen un sentido realista, pero eso no implica transferirle a un código procesal la responsabilidad y las culpas de una situación de inseguridad que se viene deteriorando desde mucho antes.

EC —Volviendo sobre uno de los aspectos que mencionó, la gestión de las cárceles, se detuvo en el “problema” de las comunicaciones, el hecho de que puedan seguir utilizando teléfonos celulares de una u otra manera quienes desde allí dirigen o terminan dirigiendo sus organizaciones a distancia.

AG —Allí hay una medida concreta.

EC —El inconveniente en las cárceles parece bastante más amplio que ese.

AG —Desde luego, el principal problema dentro de las cárceles es que el sistema de seguridad implosionó, se dejó caer, y hoy el Estado no tiene capacidad de respuesta, ni siquiera para tomar esas medidas de fondo como bloquear los celulares. Yo sospecho que si los celulares no se bloquean es porque hoy no se tiene la espalda necesaria en el sistema de la seguridad. Porque a partir de 2012 se empezó a dar un ingreso masivo de funcionarios civiles, los operadores penitenciarios, lo cual está bien, pero al mismo tiempo se dejó se renovar a los cuadros de seguridad, que fueron perdiendo cantidad y espacio. Hoy el Estado no les puede asegurar la vida ni a los que están privados de libertad, ni a las familias, ni a las visitas, ni a los propios funcionarios. Eso es peligrosísimo en un Estado de derecho. Cuando usted me decía ¿y qué hay que hacer?, entre otras cosas, cuando le hablo de respaldo, estoy pensando concretamente en que se tiene que reconstituir el aparato de seguridad dentro de las cárceles, no para ir de regreso a un sistema agotado de encierro y de tranca, que no sirve para nada, ni acá ni en ningún lugar del mundo, sino para que el Estado tenga no solo el poder de contestación de la fuerza dentro de las cárceles, sino sobre todo para que tenga el ejercicio de la autoridad.

EC —¿Y qué le dicen a usted las cifras tan altas de reincidencia de los presos?

AG —Las cifras de reincidencia son una expresión sintomática de un problema más profundo, que es la disfunción del sistema penitenciario. Es como la fiebre en el cuerpo, cuando usted tiene niveles de reincidencia superiores al 70 % es como que tiene 38 o 39 de fiebre, por lo menos. Es evidente que no se puede encarar una política de rehabilitación, de inclusión social y de trabajo con toda esa población, que es muy grande y muy joven y es indispensable hacerlo –porque invertir en cárceles es invertir en seguridad pública–, si no se tiene siquiera mínimamente las condiciones de seguridad dentro del propio sistema carcelario. No oponemos la seguridad a la rehabilitación, si no se tiene un nivel mínimo de seguridad es inviable cualquier política de rehabilitación. En ese sentido, por un lado se ha ido en una dirección equivocada en la medida en que se le quitó la prioridad al sistema de seguridad dentro de las cárceles, y por otro lado se han tomado decisiones absurdas, por ejemplo la construcción de un complejo de 2.000 plazas como Punta de Rieles, un complejo imposible, que ya no existe en ningún lugar del mundo, no se construye esto. Me refiero a su concepción, no al mecanismo de financiamiento, que es otra cosa.

EC —Es una cárcel construida por participación público-privada. Usted no pone el foco ahí.

AG —No, porque con ese mecanismo se puede hacer una muy buena cárcel. El tema es que la concepción y el tamaño de este proyecto, el tipo de proyecto y el tamaño, están en abierta contradicción con todas las directrices internacionales en la materia, que establecen que es inconveniente construir complejos mayores de 400, 500 plazas. Pues aquí fue lo que hicimos. Mientras que otros países de la región con menos de la mitad del dinero que nosotros tendremos que pagar a 25, 30 años han hecho cárceles de primer mundo. El próximo gobierno va a estar limitado y condicionado por decisiones que se tomaron ahora y que van a influir en la política penitenciaria y por ende en la política de seguridad de los próximos 10 o 15 años.

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AG —Si me permite, he hablado de la crisis de la seguridad y de las dificultades. Quiero trasmitir una impresión optimista, en el sentido de que estamos convencidos de que si se toman las medidas, si se rectifica el rumbo, es posible tener mejores niveles de seguridad. Me parece muy importante destacarlo, porque no todo es crítica ni estamos pintando un panorama sin vuelta. Tiene vuelta en la medida en que se tenga el coraje para tomar las decisiones que hay que tomar.

Video de la entrevista

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Transcripción: María Lila Ltaif

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  1. Diego Nelson Sosa Maipaicena · Edit

    Entrevista al Dr. Garcés

    Tengo algunas reflexiones con respecto a los dichos del Dr. Garcés.
    En primer lugar, afirma que existe un manejo poco claro y poco profesional de las estadísticas. Es su opinión. Quisiera saber en qué se basa para hacer tal afirmación. Es probable que los argumentos los reserve para sus alumnos. Los lectores quedamos sin conocerlos.
    En segundo lugar, afirma como un ejemplo de que el manejo es poco profesional el hecho de que muchos delitos no se denuncian. Quisiera saber qué hqría el manejo profesional del Dr. Garcés para incluir en las estadísticas los hechos que no son recogidos en ningún registro porque no se denuncian.
    Después aporta el tema de diferenciar hurto con destreza de rapiña en casos límites, como el despojo de una cartera a una dama. Entiendo que la rapiña es hurto con violencia y entonces habría que establecer una graduación de la violencia para saber si llega a ser un poquito de violencia para categorizar el delito como rapiña o si no llega a ese poquito categorizarlo como hurto con destreza. Verdaderamente si hay error en los casos límites, yo no me preocuparía y en todo caso consideraría a ambos delitos en un mismo grupo de delitos semejantes. Y eso creo que no haría pecar a la estadística de poco profesional.
    A continuación, establece que en el Ministerio del Interior no existe conocimiento de los criterios que se emplean para categorizar a los delitos y entonces, según el Dr. Garcés, por ese motivo también el manejo es poco claro y poco profesional de las estadísticas con el propósito de acercar los resultados de las estadísticas a las promesas electorales. Es verdaderamente increíble la información que posee el Dr. Garcés de los procedimientos que utiliza el Ministerio del Interior para diseñar y elaborar las estadísticas. De todas maneras, dice que el Ministerio no da información clara con respecto a los criterios. Con la información que el Dr. Garcés consigue del Ministerio no comprendo para qué le pregunta al Ministro.
    Emiliano le cita lo que se ha expresado por varias personas con respecto a las causas del crecimiento del delito. El Dr. Garcés no opina, solamente califica que algunas de ellas son absurdas. Y con eso alcanza.
    De todos modos se refiere al aumento de la eficacia policial, como argumento del crecimiento de los delitos y se muestra irónico cuando dice que no es concebible que porque aumente la eficacia de la policía la gente tiene que delinquir más. Me parece que el Dr. Garcés se confunde. No es que la gente cometa más delitos sino que más gente que comete delitos es apresada por la policía y entonces la cantidad de delitos se reflejan en las estadísticas.
    Uno de los temas que más le gustan al Dr. Garcés se refiere a la conducción política de la policía. El problema no está en los funcionarios policiales sino en el Ministro y en el Sub-Secretario del Ministerio. Dice el Dr. Garcés que la policía está carente de respaldo político y jurídico. En relación a este último déficit, promueve el cambio en las normas que refieren a la legítima defensa.
    Lo que no encuentro es relación de la necesidad o conveniencia de reformar las normas respecto a la legítima defensa con el Ministerio del Interior. Creo que este tema tendría que tratarse con los parlamentarios y no con el Ministerio. Por lo menos, creo que es conveniente no juntar este tema con el respaldo político. Afirma el Dr. Garcés que los funcionarios policiales necesitan más apoyo del Ministro y del Sub-Secretario para realizar de mejor manera su tarea. Yo no creo que la policía realice su tarea de manera inadecuada porque si bien han crecido los delitos, también han crecido los arrestos. De todos modos, no sé como sabe el Dr. Garcés que los funcionarios policiales no tienen respaldo se sus autoridades.
    Finalmente, el Dr. Garcés se explaya con respecto a las cárceles y en esto claramente hay que darle la derecha porque conoce el paño. De todos modos, creo que el Gobierno ha realizado importantes mejoras tanto en las condiciones edilicias como en el incremento de las actividades laborales y educativas de las personas privadas de libertad. De eso, naturalmente, el Dr. Garcés no habla porque su propósito es criticar, aunque para ello no tenga suficientes argumentos.

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