Entrevista, viernes 22 de junio: Diego Piñeiro

El decano de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la República, Diego Piñeiro, dijo esta mañana En Perspectiva que buscará disminuir la cantidad de gente que ingresa a esa casa de estudios y que no forma parte de ella, y establecerá algunos controles mayores sin negar la posibilidad de acceso

Video de la entrevista

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EN PERSPECTIVA
Viernes 22.06.2018, hora 8.29

EMILIANO COTELO (EC) —La presencia permanente de decenas de indigentes dentro de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la República (Udelar), que tomó estado público ayer, generó sorpresa y abrió una polémica. La situación no es nueva, hace meses que viene siendo analizada puertas adentro. Entre otras medidas, según supo En Perspectiva, en mayo se adoptó un protocolo de actuación para los funcionarios a cargo de las tareas de vigilancia.

En síntesis, Búsqueda informó en su edición de esta semana que la Facultad de Ciencias Sociales se convirtió en un lugar de acogida para decenas de personas en situación de calle que aprovechan el centro educativo para pasar allí sus horas durante el día. Han generado su propio circuito en la zona, pernoctan en un refugio cercano, donde los dejan permanecer hasta las 8 de la mañana, y al mediodía se alimentan en un comedor ubicado a una cuadra por la calle Constituyente. El resto del tiempo están en la facultad. Utilizan los baños, la sala de Informática y otras instalaciones, y han llegado a distorsionar el funcionamiento de algunas dependencias, al punto de romper parte del mobiliario.

La nota relata varios episodios desagradables protagonizados por algunos de ellos, reacciones agresivas cuando los empleados los llaman al orden y hasta enfrentamientos a golpes de puño entre dos de los «intrusos». Además se consigna que dentro de la facultad existen distintas opiniones sobre cómo manejar este desafío que ha quedado planteado.

Ayer, a última hora de la tarde, sesionó el Consejo de Facultad de Ciencias Sociales para volver a tratar esta situación.

¿Qué salió de ese debate? ¿Por dónde van las resoluciones?

Vamos a charlarlo con el decano de la facultad, el doctor Diego Piñeiro.

¿Cuánto tiempo hace que ocurre esto dentro de la facultad?

DIEGO PIÑEIRO (DP) —Yo diría que con esta gravedad o con esta magnitud, desde hace unos dos meses y medio, tres meses.

EC —La nota dice que hubo un punto de inflexión el 4 de mayo, cuando se dieron dos incidentes singulares que llevaron a los funcionarios a dejar por escrito lo ocurrido en un informe que le dirigieron a usted. Ese día, por un lado, un grupo de alumnos no pudo ingresar a su clase porque en la puerta del salón había un hombre tirado en el piso que había pasado la noche allí y no podía levantarse porque se encontraba en una especie de “sueño profundo”. Después de varios intentos por sacarlo del lugar, incluyendo un llamado a un servicio de emergencia médica, el hombre terminó orinando y defecando en el lugar. Por otro lado, cuando el personal ingresó a la Sala de Informática, se encontró con una persona en situación de calle durmiendo entre las mesas. Cuando le pidieron que se retirara, se incorporó y camino a la salida vomitó sobre las computadoras. Fueron hechos realmente chocantes, ¿no?

DP —Sí.

EC —¿Efectivamente ese fue el momento en que las cosas tomaron otro giro?

DP —Sí, fue el momento en que las cosas aparecieron con más fuerza. Quiero decir también que el relato que hacen los periodistas de Búsqueda carga un poco las tintas. No fue exactamente así como ocurrió. Específicamente, les puedo garantizar que no hubo nunca personas que pasaran la noche dentro de la facultad. Nuestra facultad tiene cámaras por todos lados y tenemos claro quién entra, quién sale. Esas personas ingresaron de mañana, no habían pasado la noche allí.

EC —La interpretación había sido que una de ellas había pasado la noche porque la encontraron tirada frente a la puerta de un salón muy temprano.

DP —Esa persona sufre de epilepsia, cada tanto tiene episodios epilépticos dentro de la facultad y tenemos que llamar a la emergencia para que la reanime. En el otro caso, la persona estaba totalmente alcoholizada, no la podían despertar porque estaba totalmente alcoholizada. El protocolo de actuación para los funcionarios fue algo que estuvimos trabajando porque los funcionarios necesitan un respaldo e indicaciones claras acerca de cómo tienen que proceder. No excluye el llamar a la fuerza pública cuando es necesario hacerlo.

EC —La nota de Búsqueda dice que hasta ese momento, el 4 de mayo, no se les había negado el ingreso a estas personas “en virtud de los principios de ser una universidad abierta”. ¿Ese era el criterio efectivamente?

DP —Sí, es el criterio y sigue siendo el criterio; por ahora, por lo menos.

EC —¿Tiene sentido? ¿Cualquier persona –que no sea estudiante, docente o funcionario– puede ingresar a una facultad de la Udelar, usar sus instalaciones, quedarse en el local un día, dos días, tres días?

DP —Cualquier persona puede ingresar a un local de la Udelar. Por ejemplo, nosotros tenemos una biblioteca pública que es abierta a todo el mundo; tenemos muchos estudiantes que vienen de otras facultades a tomar clases, y hay otra gente que viene a las conferencias que hay regularmente, etcétera. No son solamente estudiantes y profesores los que ingresan a la facultad.

EC —Eso lo entiendo, pero usted ha mencionado personas ajenas a la facultad que tienen una justificación para llegar hasta ahí. Acá estamos hablando de una situación que no creo que forme parte de ninguna previsión.

DP —No, no, es claro. El hecho es que de a poco la facultad ha ido recibiendo a estas personas que se localizan principalmente en la Sala de Informática. Y acá quiero hacer algunas precisiones con respecto al artículo de Búsqueda. Como dije, el artículo recarga las tintas en los aspectos negativos, pero no menciona algunas de las cosas positivas que tiene el hecho de que estas personas en situación de calle tengan acceso a la Sala de Informática.

Dos o tres ejemplos. Una persona que es de origen polaco, un inmigrante que va a la Sala de Informática para aprender español, con un tutorial en YouTube está aprendiendo español. Otra persona tiene una pequeña empresita de tejido, una señora que teje y a través de internet vende los productos que hace. Gente que hace su currículo, que busca trabajo y a veces consigue trabajo a través del acceso a la Sala de Informática.

Creo que estos elementos tienen que hacernos reflexionar acerca de la importancia que tiene para esta gente poder acceder a internet, poder acceder a una sala de informática, porque es como se siente incluida. En nuestra sociedad hoy la inclusión pasa en buena parte por la inclusión digital y esta gente está sintiéndose incluida de esa manera.

EC —Está bien, pero ahí la facultad termina jugando el papel de un cibercafé, de un salón donde la gente va a utilizar elementos de informática y de conexión a internet. ¿La facultad fue concebida para eso?

DP —No, la facultad sin duda no fue concebida para eso. Esa es la situación que teníamos hasta ahora, pero estamos tratando de cambiarla.

EC —Le pregunto por otros casos posibles. ¿Un habitante del interior que tiene que pasar unos días en Montevideo puede utilizar la Facultad de Ciencias Sociales como su base de operaciones durante el día? ¿Los inmigrantes que todavía no encontraron empleo pueden concurrir diariamente a la facultad a matar el tiempo, a preservarse del frío? ¿Son funciones que le corresponden a una facultad?

DP —Son funciones que le corresponden a la sociedad toda. Pensamos que estas personas que tienen este nivel de inclusión merecen una respuesta de la sociedad. Creo que somos todos responsables de lo que está pasando con esta gente y queremos aportar a una solución a esto.

EC —De acuerdo, entiendo lo que dice, pero se supone que por ejemplo el Mides tiene hogares, refugios, locales para ese tipo de atención. ¿O no?

DP —Sí y no. Tiene los refugios que operan durante la noche, reciben a esta gente a partir de las 18.30, pero a las 8 de la mañana se cierran las puertas del refugio y la gente tiene que salir a la calle. Son 1.500 personas que están en los refugios del Mides y esa gente durante el día anda deambulando por la ciudad sin un lugar donde poder asentarse, sin poder acceder a un lugar que sea medianamente acogedor.

EC —Si entiendo bien, usted dice que esta situación que se ha dado desnuda una carencia, un servicio que el Estado debería estar brindando y no brinda, que brindan algunas ONG, algunas instituciones privadas. Pero por lo visto no son suficientes, entonces una facultad, en este caso la Facultad de Ciencias Sociales, termina siendo parte de la solución. ¿Hay que leerlo así?

DP —No. Creo que el Mides tendría que tener alguna forma de darle un lugar a esta gente durante el día. No sé si es que los refugios deberían quedar abiertos todo el día, lo que me parecería la solución más sencilla, pero lo que no puede ser es que esta gente quede en medio de la ciudad sin un lugar donde acogerse en tiempos de frío, de lluvia, etcétera. No es que la facultad deba cumplir la función de reemplazar al Mides, no estoy diciendo eso; la facultad tiene que colaborar con el Mides para encontrar una solución. Para eso tengo prevista una reunión el lunes con el Mides, para discutir este tema. Queremos colaborar con el Mides a encontrar una solución porque sentimos que somos responsables. Eso es lo que nosotros investigamos, estudiamos, eso es lo que se hace en nuestra facultad: formamos al personal, a la gente, a los profesionales que van a trabajar no solo con este tipo de personas, pero también con este tipo de personas. No podemos cerrarnos a esta situación.

EC —Es muy curioso que esto se esté dando nada menos que en la Facultad de Ciencias Sociales.

DP —Sí, posiblemente por el lugar donde estamos y la política de puertas abiertas. Pero pasa en todas las facultades, que yo sepa no hay ninguna facultad que restrinja la entrada a la gente. He hablado este tema con el rector y el rector ha dicho que va a hacer una recorrida por las facultades para que la Udelar tenga claro hasta dónde esto está sucediendo también en otras facultades.

EC —Mire lo que decía una oyente, Carolina, ayer en un mensaje que nos mandó después de las 8 de la mañana: “Mi nombre es Carolina y estudio en la Facultad de Ciencias Sociales en el turno de la noche. Me estoy enterando por ustedes –por la nota de Búsqueda– de este atropello. Voy tarde y derecho a mi clase y no he prestado atención. Pero me parece inadecuada la actitud por ejemplo del Centro de Estudiantes, que es proclive a albergar, a aceptar a estas personas. Es cierto que un 80 % son estudiantes de Trabajo Social, pero yo, que estudio Sociología o quien estudia Ciencia Política no tenemos por qué vivir en la facultad un estudio de campo de Trabajo Social. Además es una facultad tan linda y cuidada que sería una lástima que la malograran”.

DP —Le agradezco lo de que es una facultad muy linda y cuidada, estamos de acuerdo en eso. Los trabajadores sociales son el 45 % de los estudiantes, no son el 80 %, y también en Sociología, en Desarrollo y en Ciencia Política se tratan estos temas. No somos ajenos, ninguna de las carreras de nuestra facultad es ajena a los problemas que estamos presenciando hoy en la facultad.

EC —Usted hablaba recién de la cara positiva que también tiene la presencia de esta gente dentro de la facultad, compensando un poco lo que informa el artículo de Búsqueda, que según usted carga las tintas en los episodios más chocantes.

DP —Me hubiese gustado que consultasen al decano, porque recorrieron toda la facultad pero nunca me pidieron una entrevista.

EC —Lo cierto es que esta situación desafiante implica también problemas, implica riesgos. Ha habido robos, ha habido escenas de violencia, ha habido roturas, destrozos, por ejemplo en esa escena que se cuenta de un partido de pimpón entre dos de estas personas en situación de calle que después se pelean y una de las consecuencias es que voló la mesa, se terminó la mesa. Entonces, ¿cómo están considerando ustedes globalmente el asunto? Por lo que el equipo de En Perspectiva averiguó ayer, dentro de la facultad básicamente hay dos posiciones. Una, más contemplativa hacia los indigentes, que entiende que hay que permitir que estas personas ingresen pero trabajar con ellas sobre sus conductas; ahí están los estudiantes, algunos docentes y usted, entre otros. La otra postura, más restrictiva, propone prohibir el ingreso de esta gente a las instalaciones; en esa se encuentran funcionarios no docentes y varios docentes también.

DP —Sí. Este tema se ha discutido, como hemos dicho, hace dos meses y medio que venimos discutiéndolo en el Consejo, y la posición de cerrar las puertas de la facultad es minoritaria dentro del Consejo.

EC —Por ahora no se cierran.

DP —No, por ahora no se cierran. Por ahora la actitud es otra, es tener una actitud de responsable.

EC —No tendría que irse al cierre, bastaría con establecer un sistema de ingreso en el que la persona que entra justifique por qué está entrando, justifique que va a una conferencia, que va a la biblioteca por tal razón, que va a participar con un grupo de estudiantes en una investigación.

DP —Sí, pero eso es no hacernos responsables de la situación, que no es solamente de nuestra facultad, sino que es de todo el país. Nosotros enseñamos en la facultad cómo trabajar con personas que están en esta situación. Y queremos enseñarlo no solo a través de los libros y de las conferencias o de las clases, sino también con lo que hacemos. Tenemos que hacer lo mismo que enseñamos. Eso no quiere decir que debamos reemplazar al Mides, quiere decir que tenemos que tener una actitud responsable frente a esta situación. Nosotros decimos que tenemos que hacer un proceso de disuasión y derivación responsable. O sea, tenemos que empezar a tener dispositivos que disminuyan la cantidad de gente en situación de calle que ingresa a la facultad.

EC —Cuando dice nosotros, ¿a quién se refiere?

DP —A la facultad toda. Pero hemos creado un grupo de trabajo, que se reunió por primera vez la semana pasada, que está integrado por docentes y ahora también por estudiantes y por los asistentes del decano; estamos encarando esta situación y viendo cómo la manejamos. No estamos no haciendo nada; por el contrario, tenemos una actitud activa. Pensamos que es eso, que tenemos por un lado que disuadir, disminuir la cantidad de gente que ingresa a la facultad, y por otro lado ayudar a la derivación de estas personas hacia las instituciones que tienen que hacerse cargo porque están específicamente para eso. Por ejemplo el Mides, por ejemplo ONG que trabajan con personas en situación de calle. Estamos entrando en contacto; como digo, el lunes tengo una entrevista con el Mides, ya tuvimos una entrevista con una de las ONG que trabajan con gente en situación de calle y vamos a tener otras con otras instituciones. Estamos buscando los apoyos que nos permitan derivar a estas personas hacia otros lugares. Y creemos que dentro mismo de la facultad, a través de la Unidad de Extensión, es posible tener un proyecto específico para que estudiantes de nuestra facultad hagan una práctica con estas personas para que ambas partes salgan favorecidas: los estudiantes hacen una práctica con sus objetos de estudio específicamente y esta gente recibe una atención de este grupo de trabajo.

EC —Esa es una de las ideas que están manejando, pero todavía no concretadas.

DP —No, no concretadas porque todo esto es muy reciente. Lleva tiempo, lleva trabajo, hay que reunir voluntades, hay que convencer a los compañeros. Lleva su tiempo.

EC —Han estado llegando varios mensajes, hay variadas opiniones. Pero ustedes han trabajado en el tema, están tomándose su tiempo para resolver. Entre otras cosas hicieron un relevamiento, una especie de encuesta. ¿Cuáles son los datos?

DP —Fue la semana pasada. Es una encuesta muy sencilla, porque además queríamos probar qué nivel de respuesta había, y debo decir que la respuesta fue del 100 %. Se hizo en la Sala de Informática a los que asistían, que esa semana, de lunes a viernes, fueron 97 personas. Le voy a dar datos básicos para no abundar. De esas 97 personas, 72 pernoctan en refugios del Mides o a la intemperie, pero la mayoría en refugios, creo que a la intemperie solo seis o siete; 25 personas residen en casa propia, alquilada o pensión; solamente seis personas nacieron fuera del país, y la mayor parte de las personas utilizan la sala para acceder a las redes sociales. Es lo que le decía hoy.

EC —Usan la facultad como “cíber”.

DP —Sí… Está bien, es una forma de verlo. Yo lo veo como decía antes, cómo estas personas tratan de incluirse y de pertenecer a la sociedad en la que están a través de la conexión y del intercambio en internet. Se comunican con familiares que están en el interior o en el exterior, preparan sus currículos, buscan trabajo, como le decía, hay uno que está aprendiendo español a través de YouTube. Es un comportamiento activo en torno a la utilización de la informática.

EC —Y por otro lado está claro que aprovechan un ambiente confortable.

DP —Sí, es cierto, claro.

EC —En días de lluvia, en días de mucho calor, en días de mucho frío, obviamente la facultad en ese sentido les sirve.

DP —Sobre todo en los días de frío y de lluvia, porque en los días más de calor o más primaverales no están tanto, disminuye muchísimo la concurrencia.

EC —Es un hecho que de esta manera hay el diagnóstico de un déficit: no se está atendiendo, desde el Estado por lo menos no parece estar atendiéndose esa necesidad que una parte de esa población tiene. Usted dice “nosotros como Universidad de la República no podemos quedarnos al margen, tenemos que poner nuestra parte”. Ahí aparece el debate de si el presupuesto de la Udelar está previsto para esto, si una parte del presupuesto tiene que tener este destino, si no hay que coordinar para que se ocupe el Mides, por ejemplo. Ustedes están optando por ir ¿a qué solución? Algo esbozaba hace un rato.

DP —Formamos este grupo de trabajo muy recientemente, la semana pasada, que está integrado por docentes y por estudiantes, que está empezando a encarar la situación. Creemos que en parte tenemos que disminuir la cantidad de gente que ingresa, otra parte tenemos que derivarla y tenemos que establecer algunos controles mayores, sin negar la posibilidad del acceso, restringiendo horarios.

EC —El primer punto sería restringir la cantidad de personas.

DP —Sí, creo que debemos restringir la cantidad de personas.

EC —¿Cómo es eso? Una de las preguntas que quería hacerle era, colocándome en el punto de vista que usted maneja, razonando por el absurdo: ¿qué pasa si terminan optando por la Facultad de Ciencias Sociales para pasar el día 200 personas, 300 personas, 500 personas, 1.000 personas? Hay un tema cuantitativo de por medio.

DP —Sí, claro.

EC —Por ejemplo, el uso de la Sala de Informática puede desplazar directamente a los legítimos usuarios, a los vinculados estrictamente a la facultad, y dejarlos esperando sin posibilidades de acceder.

DP —No, eso no ocurre, en ese sentido hay directivas claras. Si la sala estuviese ocupada por estas personas y viene un estudiante y necesita usar, se le pide a alguno de ellos que deje libre la máquina para que el estudiante pueda utilizarla. No ha habido ningún estudiante que se haya quedado sin utilizar la Sala de Informática por este hecho. Y otra cosa, la Sala de Informática funciona por ahora de 10.30 a 18.00. A partir de las 18.00 es utilizada por los docentes, entre 25 y 30 cursos por año se dictan en la Sala de Informática. O sea que no es que la Sala de Informática está solamente para este uso.

EC —Bien. Usted decía que van a restringir la cantidad o el tipo de personas que pueden entrar.

DP —Queremos disminuirla.

EC —Yo le decía que me parece interesante porque en principio se corre el riesgo, si ustedes no toman medidas, de que se corra la voz y terminen teniendo una multitud ahí dentro. ¿Qué criterios podrían seguir para restringir?

DP —Tenemos un criterio físico. Son dos salas de informática, una tiene 23 máquinas y la otra tiene 13, son 36, ese es el límite.

EC —Eso con respecto a la Sala de Informática. ¿Y con respecto a deambular por las instalaciones?

DP —No es tanto eso lo que ocurre, básicamente están en la Sala de Informática, están localizados allí. Algunos andan, sobre todo en el primer piso, que es donde está ubicada la Sala de Informática, y también están el Centro de Servicios del Centro de Estudiantes y el local del Centro de Estudiantes. Entonces es el primer piso que se usa y el hall de entrada porque van a los baños. Creo que hay que empezar restringiendo los horarios, que haya un horario menos amplio para la gente que es de fuera de la facultad, mantener las puertas abiertas, pero que las personas que son de fuera tengan un horario restringido, que la puedan usar pero restringiendo el horario. Y buscar apoyo en otras instituciones fuera de la facultad.

EC —¿Concretamente de qué está hablando?

DP —Como dije, tenemos que hablar con el Mides sobre este tema y encontrar una solución en conjunto, con nuestra colaboración. O instituciones privadas, ONG que tienen como cometido dentro de su vocación trabajar con estas personas.

EC —¿La línea que usted está planteando no tendría que ir por el lado de que se generara una unidad especial dentro de la Facultad de Ciencias Sociales dedicada a atender este asunto y que tuviera hasta su propia parte del edificio asignada, con restricciones al desplazamiento de esta gente? La pregunta es esa, si los estudiantes, los docentes, los funcionarios van a estar obligados a convivir con una población que no tiene nada que ver en principio. “¿La facultad fue creada para esto?”, preguntan algunos oyentes.

DP —Vamos en esa dirección. Y digo creo porque recién estamos atinando a ver qué soluciones tomamos. En el grupo de trabajo que creamos está incluida la coordinadora de la Unidad de Extensión de la facultad, porque creemos que esta puede ser una tarea para una unidad de extensión que trabaje con estas personas y que los estudiantes puedan participar en talleres o actividades que se lleven a cabo con esta gente.

EC —Le pregunto por algunos aspectos delicados o incómodos. Los baños, ¿tiene sentido que los baños de la facultad sean absolutamente abiertos y públicos y que esta población use los mismos baños? Hay riesgos sanitarios de por medio, etcétera.

DP —Te devuelvo la pregunta: ¿qué baños puede usar esta población, 1.500 personas que están en la calle en Montevideo todos los días?

EC —Sí, está claro que hay una carencia.

DP —Y bueno…

EC —La pregunta es si los baños de la Facultad de Ciencias Sociales son para eso.

DP —Yo espero que no solo los baños de la Facultad de Ciencias Sociales estén abiertos para esas personas. Espero que nuestra sociedad tenga capacidad de responder de una manera positiva frente a lo que está pasando.

EC —Está bien, pero de vuelta, hablando de manera políticamente incorrecta, hay riesgos sanitarios con esa población mayores que con la población habitual de la facultad. Hay riesgos para quienes son alumnos, para quienes son profesores, derivados de la condición de muchas de estas personas que viven en situación de calle. Entonces, ¿cómo se van a manejar los baños? Tienen un desafío ahí.

DP —Tenemos un desafío, sí. Reconozco.

EC —Lo otro, la violencia, los riesgos de enfrentamientos, los riesgos de robos.

DP —En eso tenemos una política clara también. Las personas que incurren en conductas no apropiadas, ya sea que se pelean, que discuten, que roban o lo que sea, tienen prohibida la entrada a la facultad. Las tenemos identificadas, sabemos quiénes son, tenemos sus datos filiatorios y tienen prohibida la entrada a la facultad. Esa es la práctica que se está instrumentando.

EC —El protocolo para el funcionario de vigilancia es de ahora, es reciente.

DP —Es reciente, tiene dos semanas.

EC —Lo curioso de leerlo es que se lo ve muy flexible, muy benigno. Lo primero que me llama la atención es que no habla del problema. El título es “Protocolo para actuación del servicio de vigilancia frente a situaciones de presunto riesgo del acervo material de la institución o de la integridad física de las personas que la transitan”. No alude a cuál fue el disparador de este protocolo.

DP —Porque es un protocolo no solo para esta situación. No es la primera vez que nos roban en la facultad, y en todas las facultades. Ocurre por ejemplo el robo de computadoras, gente que entra a una facultad y roba una computadora. El otro día nos robaron el carrito de reparto. Eso ocurre, entonces el protocolo trata de cubrir todas las situaciones que puedan ocurrir en la facultad, no es específicamente para eso.

EC —Pero por ejemplo, “en caso de que haya un hurto que afecte a la institución, debe darse aviso a los superiores, que de ser necesario se comunicarán con el decano para que haga la denuncia. Pero si el robo es a un tercero, la denuncia corre por cuenta de la víctima”.

DP —Sí, porque la policía establece eso. Nosotros ni siquiera lo sabíamos. Cuando ocurrió el primer robo a un estudiante fuimos nosotros a hacer la denuncia y nos dijeron “no, tiene que venir el damnificado”. Así que tuvimos que ir con el estudiante y fue el estudiante el que hizo la denuncia.

***

EC —¿Cómo sigue esto? ¿Cuáles son los próximos pasos? Por ejemplo, con el rector usted ya se comunicó.

DP —Sí, claro.

EC —¿Se sabe en cuántas facultades está pasando algo similar?

DP —No. Yo tengo un relevamiento porque nosotros tenemos lo que se llama la Mesa del Área Social y Artística, que integramos siete facultades, y he hablado con los decanos de esas facultades. En general le diría que en todas las facultades ocurre, pero no con la magnitud con que está ocurriendo en la nuestra. En las demás facultades del área son entre cuatro y seis personas que los decanos saben que están en situación de calle y están entrando a las facultades.

EC —¿Se está pensando en una política común a toda la Udelar?

DP —Espero que sea así y espero que esto obligue a un buen debate en la Udelar sobre estas situaciones, porque no somos los únicos que estamos teniendo esta situación, creo que nos merecemos un debate en toda la universidad.

Video de la entrevista

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Transcripción: María Lila Ltaif

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2 Comentarios - Escribir un comentario

  1. El artículo del periodista Juan Pablo Mosteiro del Semanario Búsqueda, es muy bueno. No es tan negativo como afirma Diego Piñeiro…

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  2. Alguien tiene que tomar la decisión de que esas personas no pueden entrar a la facultad. Aunque esa decisión no sea politicamente correcta….
    No fue suficiente que se emborrachen, que se peleen, que vomiten en los salones?
    que está esperando que pase este rector para tomar una decisión?
    y otra persona que se encargue de encontrarles un lugar adonde vayan a pasar o lo que sea, que para eso está el mides…

    la verdad, no se entiende que hayamos llegado a situaciones como esta y que las aceptemos con tal naturalidad.

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