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Luis Lacalle Pou en Presidenciables: Lo que no salió al aire

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EN PERSPECTIVA
Miércoles 04.09.2019

[primera tanda]

PR —Hay un capítulo importante sobre el desarrollo de infraestructuras en Uruguay y una pregunta que básicamente dice cuál es la estrategia de desarrollo de infraestructura que tendríamos en un eventual gobierno del Partido Nacional. En el coloquio anterior nos preguntaban también cómo se va a garantizar que la priorización de los proyectos de infraestructura tenga una racionalidad adecuada. Uruguay ha hecho muchas inversiones de este tipo en los últimos diez años, algunas de ellas de dudosa conveniencia, otras muy cuestionables. ¿Cuál es la solución institucional para priorizar los proyectos de infraestructura y qué rol le reservan al sector privado?

LLP —Básicamente la ejecución al sector privado. Y saco básicamente porque hay algún ofrecimiento del sector público, año 2015… miren, cuando Guido Manini era comandante en jefe [del Ejército] y lo fuimos a ver a un destacamento de Santaclara de Olimar, nos entregó un proyecto que le hizo llegar al Ministerio de Transporte en el cual el Ejército ofrecía construir la ruta 6 desde el Arroyo Agua Sucia, unos metros antes de Sarandí del Yi -por lo general corta en el Agua Sucia y el Yi y deja a esa zona aislada- hasta la frontera con Brasil. Por un precio irrisorio y con una maquinaria que quedaba en manos del Estado. Y me acuerdo de haberle preguntado si le dijo al ministro, y me dijo que sí, que el ministro de Defensa se lo había comunicado al de Transporte, no pasó a mayores y después, como casi siempre pasa, el señor [José] Mujica dos años después dijo que habría que reconstruir la ruta 6 como se proponía. Por eso digo, esa es la excepción, pero básicamente la respuesta es el sector privado, con todo el abanico de posibilidades. Cuando arrancó la moda de las PPP [acuerdos de participación público privada] era un tema financiero, que no contabiliza, que a la larga termina siendo más oneroso para la sociedad, entonces: iniciativa privada, concesión de obra pública… Nosotros tenemos un sueño del país marítimo fluvial, de transporte y logística, que está al alcance de la mano y hay inversiones para hacer. Yo sueño con el Uruguay navegable. Es más, cuando se hizo la obra de Salto Grande se pensó en el Uruguay navegable. Hoy en Salto este es un tema prioritario, ahí y en Bella Unión, si no, vayan a hablar con los arroceros del norte, allí hay una obra que se llama “las exclusas del San Antonio” y otras que bypassean el Salto Chico, el Salto Grande, hay que dragar dos bancos de arena en Paysandú y eso haría que las barcazas se metan 500 kilómetros adentro de Brasil. Es un cambio sustancial en la vida del litoral y el transporte logístico internacional; el litoral empieza a ganar competitividad de un día para el otro por el tema de los fletes. Aquí hay empresarios que han tratado de invertir en los últimos tiempos en el puerto de Juan Lacaze, que tiene no solo lo típico portuario sino también una infraestructura enorme para ser un puerto que en esta potenciación de la hidrovía cobre un rol importante. Tenemos que al centro-este-noreste del país establecerle un mecanismo para que pueda transportar su mercadería porque queda afuera de la competitividad porque no llega ni al puerto de Montevideo ni al de Nueva Palmira. Hay iniciativas privadas como el puerto de Tacuarí, el de Charqueada, que a través de las lagunas harían que Uruguay pueda sacar mercadería por Río Grande o Porto Alegre. El puerto de La Paloma está ahí, tenía una operativa cada 36 horas de madera a Montes del Plata que ahora se dejó de hacer. Tenemos las rutas transversales, que son muy importantes, sabemos que cuando la soja o algún producto empieza a bajar por kilómetros nos vamos perdiendo posibilidades. Hay que trabajar sobre esas rutas. Teníamos un número, que quedó viejo, de que en el puerto de Nueva Palmira se perdían 30 millones de dólares por el tema de las demoras y el dragado, hoy el tema del dragado es distinto, pero había un lucro cesante en ese sentido. Tenemos un par de centenas de millones de dólares perdidos por los kilómetros de más que tienen que hacer los productores para llegar a determinadas zonas portuarias. Entonces, primero, pensar el país, después, ver los instrumentos. Desde mi punto de vista, el instrumento más satisfactorio es en el cual el costo del Estado sea lo más cercano a lo que realmente cuesta la obra. Las PPP hay que rediseñarlas, porque para las grandes son chicas y para las chicas son grandes, lo que tenemos en el programa de gobierno es que hay que seleccionar dos tipos de PPP: paquetes grandes, para las que tienen capacidad financiera, de conseguir fondos y ponerlos en práctica; y las chicas, que son para que las empresas más pequeñas puedan realizar su trabajo. Después, también tenemos un desafío, y veo acá a la gente de la Cámara Uruguaya de Tecnologías de la Información, de la infraestructura moderna, tecnológica. Uruguay hizo una inversión, que puede ser criticable pero ya está hecha, que es la de la fibra óptica, pero tenemos que profundizar la conectividad en nuestro país. Está el diputado [Gerardo] Amarilla, Minas de Corrales -que ahora está pasando un momento económico complejo por el tema de la minería- es la escuela agraria que más ha crecido en todo el país, están una semana en la escuela y otra en las casas: los estamos dejando una semana sin tener una conectividad o una educación constante para seguirse preparando. Son hijos de pequeños productores, entonces la infraestructura tecnológica de nuestro país tiene un rol importantísimo a jugar en ese sentido. 

EC —Otra de las preguntas que llegan de la sala es qué piensa sobre el sistema de salud que implantó el Frente Amplio, si se lo va a cambiar o mantener. 

LLP —Primero, casi siempre cuando se plantean estos temas se plantea un tema de plata, y no es por falta de plata, las cápitas de nuestro sistema de salud son propias de países en desarrollo. Así como yo al Mides [Ministerio de Desarrollo Social] le pongo un punto de interrogación adelante y atrás, al Sistema Nacional Integrado de Salud, también. Desde mi punto de vista no es un sistema, por lo tanto no es nacional ni integrado, sino pregunten al norte del Río Negro la lucha que tuvieron que dar para la instalación de un Instituto de Medicina Altamente Especializada en Salto, y todavía estamos esperando el de Tacuarembó, que tiene todo ahí, está todo con los nylon arriba para ponerse en práctica. La complementación no ha existido, en Palmitas, Soriano, fue la primera complementación ciudadana que vi. Se juntaron los leones, los rotarios, los públicos, los privados y dijeron hay una ambulancia pública, una policlínica privada, un médico público, ellos mismos integraron el sistema. Hoy no se está dando. Tenemos un enorme problema de afincamiento de médicos en zonas rurales. En el pueblo La Tentación, en Paysandú, no hay medicamentos básicos en la policlínica, y las ciudades más cercanas están a 40 y 20 kilómetros. Entre otras cosas, a las mutualistas se les exigen metas asistenciales y no se les exige cumplir con metas asistenciales a la salud pública, eso no habla de un sistema muy equitativo. Como si fuera poco, tenemos los medicamentos de alto precio, que son de alto precio, no alto costo; no es una mala palabra, es simplemente que la industria farmacéutica está en todo su derecho de tener ganancia, la investigación y el trabajo tiene que tener ganancia. Nosotros estamos planteando, como han hecho otros países, como Chile y Bolivia, capaz que el ejemplo no es el exacto, que han comprado medicamentos de alto precio de forma conjunta, de forma de lograr precios más adecuados; nosotros lo podemos hacer con Río Grande o con otros países. Porque, si se fijan, terminamos con un recurso de amparo de una familia que no solo tiene una enfermedad, crónica y muchas veces terminal, sino que también tiene que andar peregrinando con abogados y juzgados para que, a la larga, le digan que sí cuando el familiar, con todo respeto, está muerto o ya no tiene vuelta atrás en su enfermedad. No parece muy lógico. Y, después, la importación de tecnología, que todos sabemos que en estos años ha estado de alguna manera en un embudo, por decirlo civilizadamente.

RA —Quizás la pregunta podría ser, más allá del diagnóstico, ¿qué le cambiaría concretamente al sistema?

LLP —Casi todo lo que le hace falta al país es hacerse cargo y dedicarse; estar ahí, exigir. Nombrar a directores de hospitales cuyo negocio no sea tener ambulancias. 

RA —Serían básicamente una cuestión de gestión más que de una modificación del sistema de salud.

LLP —Hemos perdido la capacidad de indignación. ¿O no nos enteramos ayer de que hay horas de profesionales pagas por todos nosotros para atender a los que menos tienen que no se dieron? Primero hay que recuperar la vergüenza de los administradores públicos. Hay que estar arriba, tiene que ser un gobierno presente. No es un tema así no más que no haya medicamentos, hay que darle dimensión humana al gobierno, después veremos las leyes, los decretos, las modificaciones: obviamente que la capacidad que tengamos de tener dos Instituto de Medicina Altamente Especializada al norte del Río Negro, que las emergencias móviles funcionen como tienen que hacerlo, que los traslados a determinados lugares, que la combinación de los traslados para no gastar más de lo que tenemos. Pero hay que estar arriba de los temas, porque no es un tema de dinero, y cuando tú ves lo que quieren aumentar los prestadores de salud las cápitas y cuando ves lo que el Estado les quiere dar, hay 60 puntos de diferencias, y cuando vas a las cápitas están perfectas, no hace falta más plata. Hay que estar comprometido. Si yo como candidato a presidente firmo un documento es porque lo voy a cumplir, porque sé primero que tengo chance de ser presidente y después porque sé que lo puedo cumplir. Todas esas cosas que van en el sentido de la innovación y la tecnología, desde nuestro punto de vista tienen un crecimiento enorme por delante y también una obligación del Estado de mirarse al espejo: la simplificación de los trámites, la ventanilla única electrónica, el seguimiento de la gestión pública en tiempo real… El otro día nos reuníamos con gente de la Cámara Uruguaya de Tecnologías de la Información que está dispuesta a verter su conocimiento acumulado durante todos estos años para ayudar al gobierno para que sea más eficiente. Así podemos ahorrar y, volvemos al principio, no tenemos que poner más impuestos.

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