EN PERSPECTIVA radio
Primera edición de la La Mesa de los Oyentes

<em>EN PERSPECTIVA radio</em><br>Primera edición de la <em>La Mesa de los Oyentes</em>

Este martes 27 de diciembre se realizó la primera edición de La Mesa de los Oyentes, espacio emitido a través de EN PERSPECTIVA radio.

Participaron Gustavo Calvo –empresario, programador y analista de sistemas–, Rodrigo García Macchiavello –arquitecto– y María Mercedes Pedrido Fernández –jubilada–.

Los temas de esta Mesa especial fueron «ONU: Israel y Uruguay enfrentados por resolución sobre asentamientos judíos» y «Respuesta del presidente del PIT-CNT al spot de Novick que acusa a sindicalistas de ‘patoteros’«. El tercer bloque fue dedicado a conceptos finales por la vía de «telegramas«.

La moderación de La Mesa de los Oyentes estuvo a cargo de Romina Andrioli.

Los tres bloques se pueden escuchar on demand siguiendo el enlace que aparece debajo:

Especiales: La Mesa de los Oyentes, martes 27 de diciembre de 2016

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1 Comentario - Escribir un comentario

  1. Saludo y agradezco la posibilidad de permitir que los Oyentes participemos de las Mesas de «En perspectiva».

    En relación a las posiciones exhibidas por los participantes de la primera, me permito hacer llegar mis comentarios.

    Israel es víctima absoluta de unas Naciones Uncidas por el yugo de la enfermedad cognitivo-racional-moral llamada Progresismo.

    En los ocho años de Secretaría de Ban Ki Moon, la ONU produjo DOSCIENTAS condenas a Israel, DIECISÉIS a Siria y NINGUNA a Rusia, China, Irán, Nigeria, Venezuela, Inglaterra, Chile, Irak, Gaza, Libano y tantos otros que violan DDHH de verdad y/o mantienen territorios ocupados.

    Discapacitada para la auto crítica la ONU -no sólo no reconoce el error enorme de haber dividido arbitrariamente y sin necesidad ni soporte histórico ni moral un territorio ínfimo y una ciudad ocupada- sino que la emprende nuevamente contra el único que ha cumplido con todas las exigencias que demanda ser un país civilizado del Siglo XXI; solitario ejemplo en la Región, de libertad, democracia y república.

    Proponer una idiotez monumental como llevar las fronteras al 67 (fronteras que la Liga Árabe jamás respetó, y nótese que no hablo de los Palestinos, que ni siquiera existían por entonces) habla de estulticia o malicia, no de inteligencia ni buena fe.

    Lo que se propone, respecto de Jerusalem es, ni más ni menos, crear el Muro de Berlín del siglo XXI. Y eso es infame hasta para un montón de inmorales como los que reclaman partir de nuevo una ciudad milenaria de los Judíos, que sus más conspicuos monarcas hicieron grande y bella para desde ella reinar. Una ciudad que jamás fue capital de ningún país árabe, en la que -desde 1967 y hasta que desembarcaron las Intifadas- todo el mundo podía practicar en paz y alegremente su Fe, cualquiera que fuese.

    Quieren partir de nuevo esa ciudad de los pacíficos, que -antes de la creación de Israel ya había sido INVADIDA por el recién inventado Reino Hashemita de Jordania (el Estado palestino por antonomasia, con cuatro veces más territorio que Israel y una población indiferenciable con los inventados de la OLP). Dicha ocupación sirvió durante décadas para agredir a los Judíos del otro lado del «muro»; hasta que le llenaron demasiado la paciencia con la tercera invasión en veinte años, y los Sabras los sacaron a pasear en el dedo mayor en -tan sólo- seis días, recuperando su ciudad Santa y fijando fronteras seguras desde las que ya nunca los pudieron invadir de nuevo.

    Uno no puede aislar las resoluciones de su contexto. Lo que hace la ONU es (agarrándose de papelitos, mayorías circunstanciales y la irrenunciable vocación de los Progresistas como Obama de hacer lo que se les antoja, aunque el Pueblo que representan lo haya echado) abogar en contra del único con presencia histórica demostrable desde los comienzos; isla del Siglo XXI en una región a la que aun no llega el Renacimiento (qué decir de la Revolución francesa); todo lo cual confirma mi certeza de que la ideología socialista es una enfermedad del alma que ataca el cerebro.

    Los asentamientos son la consecuencia lógica de la Historia y del origen de esas tierras y su soberanía actual. De la Historia, porque los Palestinos no existen. Son un invento de la Liga Árabe, son un Pueblo sin historia, idioma, cocina, ni forma alguna de cultura propia. Un supuesto pueblo que data -precisamente- de 1967. En realidad no son ningún Pueblo. Se trata de un conjunto de árabes que -expulsados de toda la región por sus hermanos de religión y etnia- fueron a dar con sus corotos a esos territorios. Y desafío a cualquiera a demostrar que miento.

    Algunos «palestinos» sostienen que a sus abuelos los echaron los Judíos cincuenta años antes (a partir de 1917). Eso también es MUY falso. Los Judíos pagaron a precio de oro unas tierras de porquería que le vendieron los árabes ricos, como la familia de Amin al Hussaini, quien fuera Muftí de Jerusalem durante al ocupación jordana; amigo y aliado de Hitler en la Segunda Guerra. Ellos, y no los Judíos, expulsaban (a través de milicias irregulares) a los poquísimos pobres pichis que moraban por aquéllos arenales, tierras públicas de poco y ningún provecho, y se las vendían a los colonos que llegaron siguiendo a Herzl.

    Los recién inventados nunca fueron gente muy bienquerida tampoco. Baste decir que el mayor matador de «palestinos» de la Historia es el palestinísimo Rey Hussain (como Barack) 1º de Jordania, que se faenó más de diez mil y dejó quince mil heridos y derrengados en las dos semanas del «Setiembre negro» (1970); porque l tenían harto de tanto protestar, armar lío, cobrar impuestos para ellos. Hasta tenían ejército propio. ¿Te suena o hammas escuchaste de ellos?

    Tras la creación de Jordania (que es el verdadero y único estado «palestino» que debió haber creado la ONU), Jerusalén, Samaria y Judea (lo que arteramente se denomina internacionalmente «Cisjordania») fueron ocupados por ese país; bastante antes de la creación de Israel. Fue esa, y no la oposición de los Judíos (que nunca dijeron ni pío al respecto del innecesario EP inventado) la razón que impidió la creación del Estado palestino de la Resolución original.

    Así de artificial, ahistórica e irracionalmente dividida la Ciudad, «convivieron» por mandato de la ONU desde 1948 (el mismo año de la primera invasión a Israel; más precisamente, al día siguiente de la Independencia, el 15 de mayo).
    A la tercera invasión en menos de 20 años, los Judíos dijeron basta, en seis días dejaron sin acción militar posible a todos sus vecinos, establecieron fronteras seguras en los cuatro lugares por donde los invadieron (Sur del Líbano, Golán en Siria, Judea y Samaria en la frontera con Jordania, Sinaí en Egipto) y empezaron a consolidar la maravilla que es Israel hoy.

    Agua y paz (al menos en términos bélicos clásicos) fue lo que consiguieron a sangre y fuego, DEFENDIÉNDOSE DE UN NUEVO ATAQUE, con aquél movimiento relámpago de 1967; realidades que hoy se pretende borrar desde los cómodos escritorios de la Tercera Avenida de Manhattan.

    Acrece la indignación de enterarse de lo que proponen, el hecho de saber que (salvo en el caso de Egipto), cada vez que los israelíes cedieron a la estúpida presión internacional (de inocultable origen judeófobo e israelicida) y devolvieron territorios, fueron atacados nuevamente desde allí.

    Los territorios conquistados significan un «buffer» de seguridad. Aunque los cacarecos progre hagan aspavientos, en nada afecta que los fundamentalistas patrióticos y/o religiosos los ocupen y hagan florecer; pero nadie puede negar que -si son devueltos, como Líbano y Gaza- los cabeza de trapo los vuelven rápidamente a su desértica condición previa, para luego montar estructuras militares y atacar a su enemigo, al que han jurado echar al mar para establecer la Gran Siria y extenderla hasta el Atlántico. La lógica de obligar a Israel a entregarlos es una muy artera y sangrienta.

    Con la mano en el corazón: si yo tuviera que decidir, le hacía caso a la ONU pero al revés: re establecía las fronteras a 1967, como quieren, pero a las del séptimo día.

    Y al que no le guste, que venga y pruebe.

    Eldo Lappe

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