De debates, panfletos, “fríos” y “calientes”

“Por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca”, postula el Apocalipsis bíblico. Como signado por esa condena, el debate político se simplifica a nivel panfletario, ajeno a las complejidades de la realidad. Se juega a la polarización y los “tibios” no cuentan, no merecen explicaciones sobre las soluciones que los candidatos anuncian. De eso trató el editorial de este viernes, y la audiencia hizo llegar su opinión.


Estimado Emiliano:

Estoy de acuerdo con tu teoría del candil: ni tan lejos que no alumbre, ni tan cerca que queme. Además, en tu profesión periodística, es la postura que permite analizar objetivamente las diferentes realidades y opinar sin el peso de las ideologías pendulares.

De todos modos, hay una realidad que contrasta con esa postura, plasmada no sólo en la comarca (Chile, Argentina, Paraguay, Brasil… y seguramente Uruguay en las próximas elecciones), sino en el mundo: el ejemplo más palmario es la supremacía Trump, por citar el caso más conocido, pero hay otros.

¿A qué apunto? A que, por alguna razón, las mayorías prefieren recostarse sobre una banda, empujando posiciones de un extremo al otro.

Es preciso preguntarse por qué ocurre ese fenómeno. ¿Por qué triunfa el empuje hacia un extremo? Como ciudadano común y corriente, atento observador de la realidad, y medianamente informado, me permito esbozar una teoría.

Todo parte de la formación de las ideas y de las opiniones, y entonces cabe preguntar cómo se forman en general: a partir de la información que la persona recibe y consume, que puede provenir de fuentes escritas, orales o visuales. En los tiempos que corren, digamos que prevalecen las fuentes orales o visuales. Y en su difusión son protagonistas principales los medios periodísticos por un lado, y las redes sociales por el otro.

Sobre las redes sociales puede decirse que ya se está poniendo en tela de juicio su impacto por la proliferación de «fake news», y seguramente en próximos tiempos dejarán de ser medios formadores de opinión, por su propio desprestigio.

Nos quedan los medios de comunicación, que desde siempre han sido fuertes formadores de opinión. En tanto y en cuanto se manejen con criterios más económicos que profesionales o fieles al compromiso de informar sobre todos los acontecimientos que hacen a la vida ciudadana en general, y sigan manejando el concepto susurrado entre bambalinas de que las buenas  noticias «no venden», las opiniones que se formen desde estas plataformas van a seguir siendo «calientes» o «frías».

Si a eso le agregamos las posturas ideológicas que ostenten los medios más influyentes, el cóctel es letal.

Hay otra variable que se suma al proceso de formación de opiniones: la educación. Su deterioro permanente tiene una consecuencia preocupante: se va perdiendo el espíritu crítico, y es más fácil consumir lo que viene digerido antes que enfrentar el esfuerzo de pensar, de analizar, de buscar fuentes directas de información, eludiendo a los intermediarios.

¿Para qué esforzarse en buscar los ingredientes, mezclarlos, cocinarlos a fuego lento, antes de obtener el resultado final, la opinión, si resulta más fácil, más rápido, consumir lo que ya viene preparado, las «fast food» que desbordan las fuentes de información?

No se tomen estas reflexiones como un reproche a los medios informativos; ellos hacen lo que entienden que tienen que hacer, y allá ellos. La responsabilidad está del otro lado de los micrófonos, de las cámaras o de las imprentas. Vayan estas lucubraciones tan sólo como un punto de vista de alguien que simplemente quiere seguir siendo un ser pensante, ya no tan común y corriente lamentablemente, estimulado a reflexionar por un interesante editorial que invita a eso: a pensar.

Osvaldo Oliver
Vía correo electrónico


Emiliano:

Muy bueno el editorial del día de hoy. En un mundo de extremismos, los «tibios» somos cada vez menos. Razón de más para ser consecuentes con esta postura.

¡Felicitaciones!

José María Gamio
Vía correo electrónico


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