Educación, tecnología y empleo

¿Educar para las nuevas habilidades que requiere el mercado laboral, o propiciar un desarrollo tecnológico que permita a todos acceder a un trabajo? Tal sería la disyuntiva ante el impacto que generan los cambios tecnológicos en la pérdida de puestos de trabajo, opina Juan Alberto desde la audiencia.


Uno de los temas fundamentales acordados para el próximo G-20, a realizarse en Buenos Aires, es el “futuro del trabajo” a la vista del impacto de las tecnologías que suprimen plazas.

El desafío se plantea en términos de qué educación hay que brindar para que las personas accedan a un puesto laboral.

Tal formulación explicita una servidumbre: el individuo subordinado a un destino prefijado de deberes excluyentes para obtener algo tan básico y esencial como ganarse la vida.

Pienso exactamente en las antípodas: la tecnología debe desarrollarse para generar oportunidades amplias de trabajo para toda la gente.

La idea de sumir la educación a las necesidades lucrativas del mercado me luce, simplemente, abominable.

Saludos cordiales.

Juan Alberto Torres / Reus
Vía correo electrónico


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1 Comentario - Escribir un comentario

  1. Diego Nelson Sosa Maipaicena · Edit

    No lo había pensado antes pero la opinión del colega me permite ordenarme un poco en mis preocupaciones.
    Es verdad que la tecnología está desde hace muchas décadas en una carrera infernal y es lógico que la educación, en la medida que depende mucho del trabajo humano – aunque también reciba aportes tecnológicos – y no produce para el mercado, vaya comiendo cola.
    No estoy de acuerdo en frenar la carrera de la tecnología porque, aunque vaya impulsada por intereses económicos de los dueños de los mayores emprendimientos mundiales, también es cierto que en gran medida permiten mejorar el bienestar de aquellos que tienen para pagarla (aquí se abre otro tema que valdría la pena analizar).
    Tomando base en la opinión del colega yo me afilio al equilibrio, santo equilibrio, tan deseado y tan poco logrado.
    Creo que la educación y la tecnología deben avanzar coordinadamente no sólo en sus contenidos sino también en su velocidad de carrera.
    Esto hoy no es posible porque la tecnología avanza rápidamente impulsada por la competencia entre poseedores de los bienes de capital y con la ventaja de poder producir para todo el planeta donde vive mucha gente con bastante o mucho dinero y la educación avanza sólo localmente y en la medida que los estados nacionales dedican recursos económicos para financiarla y deben ajustarse a los que pueden extraer de sus propias poblaciones.
    La competencia es desigual. Esto no lo soluciona ningún país por sí solo y ni siquiera un conjunto de países. Este problema requiere solución mundial. La ONU debería encarar este tema.
    Felicito al colega por aportar un hermoso tema de análisis… aunque el mismo no le interese a aquellos que se preocupan por los empujones en la inauguración de la Ruta 30 ni a quienes lucran con la comercialización de los mismos.

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