Caída, asesinatos y un desfibrilador: El retorno improbable de AC/DC, parte 4

Por Gastón González Napoli ///

En 2016 AC/DC quedó desarmada, aunque nunca se anunció su separación oficial. Cuatro años después, sorprenden con un disco nuevo: Power Up. Con esa excusa, un repaso por su obra para explicar por qué tienen tanto peso en el universo rock (y por qué vale la pena escucharlos aunque se diga que hacen siempre lo mismo). La primera parte, sobre los orígenes del grupo, puede leerse aquí; la segunda, sobre los discos de los años 70 que construyeron el mito de su primer cantante, Bon Scott, aquí; y la tercera, sobre sus años dorados de fines de los 70 y principios de los 80, marcados también por la tragedia, aquí.

En el capítulo anterior, nos despedimos con AC/DC todavía en la cresta de la ola, aunque con un disco bajo el brazo algo menos exitoso que el anterior. Pero también los dejamos decepcionados con su productor y otros miembros del equipo extra-banda, dispuestos a tomar el toro por las astas, convencidos de que nadie podía tener mejores respuestas que ellos mismos.

El resto de la década del 80 de AC/DC, desde 1982 hasta la edición de The Razor’s Edge en 1990, mostraría los errores de ese enfoque cegado y egocéntrico.

Sobrecarga

El camino solitario de AC/DC empezó con Flick of the Switch, editado en 1983. El ’82 fue el primer año de la historia del grupo sin álbum nuevo: demoraron más en levantar cabeza tras los problemas en la grabación de For Those About to Rock que en recuperarse de la muerte de Bon Scott.

El disco lo produjo la banda en su conjunto, ya no con la mano de un profesional como «Mutt» Lange ni la experiencia del dúo de Harry Vanda y George Young, que los había arreado en su etapa temprana. Era parte de una idea más global que tenían los hermanos Young, los verdaderos responsables del giro; particularmente Malcolm, cuya mano de hierro no se circunscribía a la firmeza en la guitarra rítmica. La intención, típica en músicos que sienten que se les fue la mano, era volver a las raíces.

Es un poco gracioso en el caso de AC/DC porque el encare back to basics suele suceder a discos muy rococó, o en los que los músicos se desprendieron de su género habitual para meterse en el pop, o se volvieron muy comerciales. Lo único que tuvieron ellos en la etapa de Mutt Lange fue un sonido pulido, un formato de grabación en partes y no con todos tocando a la vez en el estudio. Bastó eso -una manera de grabar que hoy es la norma- para que se quemaran con leche y se alejaran de lo que los había hecho exitosos. Es una idea muy rock, muy rebelde, el ir contra los trajeados del estudio y confiar en la música. Ahora: la música tiene que justificar esa apuesta.

 

 

Flick of the Switch se presenta como la tan mentada vuelta a lo básico desde la tapa, ridículamente sencilla, poco más que un garabato a lápiz con fondo blanco. Los burócratas de Atlantic Records la odiaban. Mejor. Y la cosa es más notoria apenas uno aprieta play: el disco suena como si lo hubieran grabado adentro de un baño, o si lo hubieran procesado a través de una toalla húmeda. Suena a un mundo de distancia de los discos de Lange. La voz de Brian Johnson queda hundida en la mezcla, y el resto es más ruidoso, más pesado.

¿Suena mal? Y… por lo menos, suena más amateur. «Lo queríamos lo más crudo posible», dijo Angus.

La crítica lo recibió con frialdad no solo por eso; también se acusó a la banda de empezar a quedarse sin ideas. Es una visión compartible. Pero los años le han hecho bien a Flick of the Switch, principalmente porque discos venideros serían bastante peores. «Flick of the Switch» tiene un flor de riff, «Guns for Hire» y «Landslide» son divertidas, en la potente «Badlands» por primera vez Angus toca la guitarra slide, una técnica que no volvería a usar hasta «Stormy Mayday» en el Black Ice de 2008.

«Bedlam in Belgium» es un buen trabajo letrístico de Johnson; cuenta la historia de la banda tocando en medio de un caos, inspirada en la anécdota de un show en el que se negaron a respetar un toque de queda y provocaron un enfrentamiento con la Policía, todo en un pueblito belga.

«Nervous Shakedown» es un temazo, al bajar un poco la pelota y probar otro ritmo menos acelerado.

 

 

El encierro de la banda en sí misma se profundizó en el disco siguiente, Fly on the Wall. No colaboró el poco éxito de Flick of the Switch, un bajón notorio de ventas.

Tampoco que en el ínterin el sello Atlantic Records publicara el EP ’74 Jailbreak, conjunto de canciones inéditas a nivel internacional de la era Bon Scott que incluye la excelente «Jailbreak».

Como para seguir generando la sensación de que confiaban más en la obra previa de AC/DC y no tanto en la actual.

 

Apagón

Fly on the Wall (1985) ya directamente lo producen solo los hermanos Young, no la banda en su conjunto. Encima, Malcolm se peleó con el batero Phil Rudd en la gira de Flick of the Switch y lo echó. En su lugar entró un inglés, Simon Wright. También echaron al tour manager. Cada vez más solos.

Wright se probaría rápidamente un baterista bastante menos interesante que Rudd. Toca parecido: fuerte y sin florituras. Pero Rudd tiene un sentido del ritmo agudo y una potencia de otro planeta. Se nota desde la apertura del disco, el tema homónimo, que arranca a golpes de batería. Da para compararlo con el comienzo relativamente similar de «Bedlam in Belgium» para notar la diferencia.

 

 

A pesar de eso, y de que suena todavía peor que el disco previo, como si tomaran la decisión consciente de esconder la voz de Johnson para ocultar las letras, «Fly on the Wall» es un comienzo entretenido. Le sigue «Shake Your Foundations», un flor de tema que pagaría por verlos tocar en vivo. Uno se imagina que tocado a un buen volumen podría tirar abajo cualquier sala de conciertos. El disco incluye otra gema, «Sink the Pink», al que defiendo en un top 10 de temas de la banda. Lamentablemente, lo bastante mejor que suena esa canción es muestra de lo desparejo del trabajo de producción de los Young.

A pesar de su mala fama, hay que admitir que el Fly on the Wall no es tan mal disco. No es un desastre. Probablemente sea más escuchable que el subsiguiente Blow Up Your Video o incluso que el Ballbreaker (1995). «First Blood», «Hell or High Water», pasan de largo, lejos del destaque pero más inspiradas que algunas del For Those About to Rock.

El gran problema son las letras, con estribillos aburridos, repetitivos, como en «Back in Business». Y la peor ofensora es «Danger», increíblemente seleccionada como primer corte de difusión, radiada del setlist en vivo luego de que notaran que a la gente no le gustaba. Es que musicalmente no está nada mal: la idea de volver a un groove más blusero, más lento, funciona a la perfección. Eso lo hace a uno enojarse más aún con Johnson por no poder pensar un mejor estribillo que: «Peligro/Peligro/No hables con extraños».

Se puede discutir que Fly on the Wall no es el peor disco en la trayectoria de AC/DC, pero, uff, vaya si «Danger» no es su peor canción.

 

Un poco de miedo

La gira del Fly on the Wall ya venía mal con las ventas pobres del disco y el poco entusiasmo de la gente con el corte de difusión, pero quedó aun más manchada por los crímenes de Richard Ramirez en Los Ángeles y San Francisco.

Asesino y violador serial, un satanista autodefinido que se metía en casas por la noche, así apodado «el acosador nocturno» (night stalker), condenado por trece muertes. ¿Por qué lo traigo a colación? Porque Ramirez dejó en la escena de uno de sus crímenes un gorro de AC/DC. Una prensa ávida de escándalos y un sector ultraconservador de la sociedad que siempre había sospechado de los coqueteos diabólicos del grupo tomó esa piola y tiró de ella hasta convertirlos poco menos que en cómplices del asesino.

Que Ramirez era fan de AC/DC, que se había inspirado en «Night Prowler», tema del Highway to Hell que habla de meterse en el cuarto de una chica mientras los padres duermen (la banda siempre sostuvo que el protagonista es un adolescente entrando a la habitación de la novia), hasta se especuló con que AC/DC no significaba Corriente Alterna/Corriente Directa sino «Anti Cristo/Hijo del diablo» (devil’s child). Esta nota de Ultimate Classic Rock  cuenta cómo la banda se volvió víctima de un grupo de padres conservadores que hicieron campaña en su contra como supuestos adoradores del diablo, lo que llevó a la cancelación de varios de los shows de su gira.

Puede decirse que los ayudó, paradójicamente, otra mente asociada al terror, ficticio en su caso: Stephen King. Harto de adaptaciones de sus libros al cine que él consideraba malas, decidió dirigir su propia película, Maximum Overdrive, y eligió a AC/DC como banda sonora. La película fue destruida por la crítica, pero dejó el disco compilado Who Made Who, que tiene como original el interesante tema homónimo, el mayor hit de AC/DC en años.

 

Desfibrilador

Las malas experiencias de mediados de década provocaron la mayor distancia entre álbumes de estudio de AC/DC: recién en 1988 editaron Blow Up Your Video. Y llevaron también a los Young a entender que no debían producirse a sí mismos. En su lugar, volvieron al dúo tempranero de Harry Vanda y George Young.

Es el álbum que les permite empezar a levantar cabeza después de su etapa más baja, aunque lo considero el peor disco de su carrera. Llegó al número 2 en las listas de éxito en Inglaterra y al 12 en Estados Unidos, y todo a pesar de que uno de sus cortes de difusión fue «That’s the Way I Wanna Rock and Roll», cuya letra parece escrita por un niño, la introducción muestra patente de la pobreza franciscana de Simon Wright como baterista, y de lo importante que era la base rítmica de Rudd.

 

 

Además, es señal de otra tendencia que la banda sellaría en la década siguiente: el terminar de convertirse no en una banda de discos sino de giras. Pronto, los álbumes de AC/DC no serían más que una excusa para salir a la carretera.

Angus Young explicó en aquel entonces a MTV que habían titulado su disco «explotá tu video» porque eran una banda para ver en vivo. De fondo seguro había frustración con el crecimiento de MTV: nunca les interesó filmar videoclips, herramienta que para el hard rock ochentoso fue vital (seguro explica buena parte del éxito de Twisted Sister). Eso aunque los videos que editaron con el Fly on the Wall (¡en un VHS!) no habían funcionado mal en términos económicos.

No todo es malo en el disco: «Heatseeker» (que entró en el top 10 de listas de éxitos), «Two’s Up», «This Means War», quizás «Go Zone» y «Meanstreak» podrían entrar en una playlist larga de AC/DC, pero no están ni cerca de rivalizar con los clásicos. No hay joyas olvidadas en Blow Up Your Video.

 

 

Fue el último disco en el que le permitieron a Brian Johnson firmar las letras. Finalmente se entendió que sus cualidades como vocalista y como persona no se traducían a la escritura. A partir de entonces, los Young se hicieron cargo del 100% de las canciones.

Con sus falencias, Blow Up Your Video resucitó comercialmente a AC/DC y le abrió la puerta a una década en la que volverían a reclamar su título de banda de rock más grande del mundo.

Próxima entrada: la máquina de greatest hits y una nueva tragedia

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Etcétera es el blog de Gastón González Napoli en radiomundo.uy

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