Miles de personas marcharon en 18 de julio en contra de la reforma “Vivir Sin Miedo”

Miles de personas marcharon ayer por 18 de julio en contra de la reforma constitucional sobre seguridad pública impulsada por el senador nacionalista Jorge Larrañaga.

Según la Articulación Nacional No a la Reforma, unas 55.000 personas participaron en la movilización que se realizó bajo la consigna «Marchemos: que el miedo no te coma».

Los participantes se concentraron sobre el callejón de la calle Tristán Narvaja desde las 15 horas. Sobre las 19 tomaron 18 de julio y se dirigieron a la plaza Cagancha.

En la plaza Cagancha los organizadores leyeron una proclama en la que, entre otras cosas, aseguraron que «con fines electoral, un sector (en referencia a Alianza Nacional, que lidera Larrañaga) pretendió aprovecharse del miedo y el deseo de vivir seguros de la gente, para seguir una receta conocida, fracasada y que sólo va provocar el aumento de la violencia en nuestra sociedad».

El lunes, mientras tanto, Larrañaga había publicado una columna titulada «Patoteros del Poder», en la que sostuvo que la reforma constitucional Vivir sin Miedo, que impulsa, «está bajo el ataque del Frente Amplio» y de las «instituciones públicas que deberían actuar regidas por los códigos de neutralidad y decoro republicano, y no por los designios frentistas».

Según Larrañaga, el Frente Amplio utiliza un «aparato cultural» para la «instalación de un pensamiento único» que se extendió a las instituciones públicas que «han sufrido una suerte de secuestro ideológico» y «están actuando orgánicamente al compás del dictamen y las necesidades del FA». 

La Tertulia de los Miércoles con Hoenir Sarthou, Guillermo Fossati, Fernando Scrigna y Edgardo Rubianes.

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4 Comentarios - Escribir un comentario

  1. Estoy totalmente de acuerdo con Sarthou. La explicación de la delincuencia como ciudadanos que muy a su pesar incursionan en el delito por estricta necesidad económica se desmorona frente a la realidad de estos 15 años. La paradoja es que con 15 años de crecimiento, mejora sustancial del salario real, descenso drástico de la pobreza, acceso a mejor salud, aumento radical de la inversión en educación y casi desaparición de la indigencia, tenemos un crecimiento muy importante del delito, especialmente los que se perpetran con total desprecio por el sufrimiento físico y la vida de las víctimas. La delincuencia lumpen, que es la que genera estupor y votos para la reforma, es una cultura y una estrategia de supervivencia. Es una estrategia que encierra ciertos peligros, pero también una cultura épica de bandoleros que compiten a quien es más violento y temible. Esa estrategia se reproduce de generación en generación ¡porque funciona! Es más, permite acceder a niveles de consumo de clase media para arriba a gente que en el mundo del trabajo no aspiraría a otra cosa que a un salario mínimo. Con la economía no hay quien pueda y es esta la que determina la cultura y los valores de una sociedad.

    El FA se ha ido apegando al pensamiento mayoritario de la calse media ilustrada, afecta a explicaciones estructuralistas que tienden a rechazar lo punitivo y, más aún, el encierro. El problema es que los vecinos (pobres y trabajadores) que más son saqueados, heridos y asesinados por esta forma de delincuencia, legítimamente aspiran a no verlos más. E insisto en lo de legítimamente, porque esa clase media tiende a ver en ese obrero un facho y no alguien que está viviendo un suplicio sin sentir ninguna empatía de parte del gobierno.

    Creo que el problema que está teniendo el FA para ganar la elección tiene mucha relación con esto. Los «rosados» tienen una intención de voto menor que la que tenían hace 5 años, pero al FA le faltan entre 8 y 10 puntos, que curiosamente son los de Manini. Va a estar interesante ver qué distribución territorial del voto a Manini y del voto a la reforma va a haber para tratar de sacar conclusiones.

    Una encuesta que fue publicada hace un par de dias (creo que opción), decía que la intención de voto crecía dramáticamente entre las zonas periféricas y entre la gente más pobre. En vez de verlos como ignorantes a los que les lavaron el cerebro, la izquierda clase media universitaria –entre la que me encuentro– debería ver en esto una alarma y abandonar el reflejo de pensar que son todos fachos. Una izquierda a la que los pobres no la entienden, debe cuestionarse su razón de ser.

    Personalmente, desde la comodidad de mi barrio con pocos problemas de seguridad, tengo la distancia para pensar –como Sarthou– que esta reforma no resuelve (casi) nada y mete cosas en la constitución que no tienen nada que hacer ahí. Y agrego a los argumentos de Sarthou que el sólo hecho de imaginar militares que en el ejercicio de su tarea controlen, marquen pautas de conducta o arresten a civiles me pone los pelos de punta. Para mí, ése es el Rubicón de nuestra república que no deberíamos nunca dejar que se cruce (otra vez).

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  2. Buenas.
    Quería comentar brevemente que el Sr. Sarthou dice algo muy interesante en un momento de la discusión y que pasó sin pena ni gloria en la mesa. Y tiene que ver con el tema de la corrupción policial. Que se puede explicar por varias razones, pero hay una que me parece fundamental y de la que no se habla casi nunca. Los requisitos para el ingreso a la función policial (que hasta no hace mucho tiempo era tener el Ciclo Básico) y la formación policial. Cómo pretendemos que se cumpla una tarea profesional, que tan importante es en una sociedad democrática, con los niveles educativos que tienen los policias en nuestro país. Sumado a eso las condiciones socioeconómicas de muchos de los policías, de lo que sí se ha hablado en algún momento.
    Ojalá desde En Perspectiva puedan tomar este tema en algún momento y tratarlo a fondo.
    Saludos

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  3. El punto de inflexión violentista, fue la irrupción del Narco, y no me refiero al suministro de cocaína, marihuana (de larga data), éxtasis, meta anfetamina (mas recientes) sino a la pasta base (droga barata de efecto fuerte y breve, muy, muy altamente adictiva, que genera un mercado cautivo y ansioso.
    Con ella se expandió notablemente el sicariato y el enfrentamiento mortal y directo entre bandas por el monopolio de feudos territoriales exclusivos.
    La pasta base deteriora rápidamente al adicto, incluso lo acaba; mas no al negocio que es muy rentable, siempre hay gente dispuesta a convertirse en proveedores.
    El cánon de comportamiento impuesto por estos «empresarios» clandestinos, es a matar o morir como laudo; además, por transitiva, también permeó de forma profunda, a otras modalidades delictivas.
    Parece sensato, legalizar las drogas y que estas sean de una «calidad» que no defenestre el quicio del consumidor.

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    1. Estimado Juan,

      No sé si hay información como establecer materialrmente lo que dice, pero estadísticamente parece haber una correlación clara entre el fenómeno de la pasta base –de fines de los 90– y la aparición de una delincuencia cada vez más sanguinaria y transgresora. De todas formas hay otras cuestiones sorprendentes: el crecimiento de los homicidios desde 2012, con un pico en 2018. ¿Qué pasó a partir de 2012? No logro siquiera atisbarlo. En cambio, para 2018 hay un fenómeno nuevo cuyas consecuencias a largo plazo se irán desplegando poco a poco: la aprobación a marcha forzada de un nuevo CPP, que tiende a encarcelar menos, hace que haya más delincuentes en la calle y que la percepción del riesgo de delinquir sea menor. Por otra parte, instituye la idea del delito como «conflicto entre partes», en lugar de ser un acto ilegítimo que hiere a toda la sociedad. Ahora el Estado, para ciertos delitos, se interpone como un árbitro de una disputa entre la víctima y el victimario, como si tuvieran ambas partes el mismo grado de legitimidad legal y moral. Personalmente, cada vez que escucho la palabra «conflicto» calificando un delito, me horririzo. Es interesante además observar que la derecha y la izquierda coincidieron en redactar y avalar esta reforma, pero que el costo político del nuevo CPP lo haya pagado exclusivamente el FA, por estar en el gobierno.

      Sin dudarlo me alineo con que la prohibición de la producción y tráfico de ciertas drogas tiene gran culpa de la violencia del narcotráfico. De un punto de vista estrictamente material, es un negocio que tiene un alto riesgo en la cadena de abastecimiento. Los narcos se dedican a venderle seguridad al negocio. Como usted dice, son empresarios que simplemente llenan una demanda del mercado con servicios a la medida del negocio. Como además es una sustancia prohibida, no se puede regular. Entonces además venden el producto que más le conviene: uno que transforma al consumidor en un zombi que sólo sabe robar para comprar más droga. Saludos.

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